Cuando la Universidad no se mira en el espejo

Entre los desafíos de la nueva conducción de la UNT está el fortalecimiento del vínculo con el medio al que se debe, y la necesaria reconciliación del "pensar" con el "hacer". Por Nora Lía Jabif - Redacción de LA GACETA - njabif@lagaceta.com.ar

30 Mayo 2006
Cuando al hoy ex vicerrector de la UNT, Carlos Fernández, se le requirió un balance de gestión, él encabezó la lista del "debe" con la falta de una política para con los graduados. A esa omisión, que no es menor, Fernández la definió con claridad en su evaluación final: los graduados, dijo, son el nexo entre la Universidad y el medio, y -en consecuencia- son aquellos que podrán recoger qué es lo que la comunidad piensa de la Universidad y de la calidad de sus egresados.
Pero no son esos los únicos aportes que ofrecería una correcta política para con los graduados. El olvido del estamento de los egresados -que no es propio de esta gestión, sino que ya es crónico- muestra la visión de una Universidad demasiado encerrada en sí misma, que parece prescindente del espejo que le devuelven sus graduados, tanto en lo que respecta al grado de inserción laboral logrado, como en lo que se refiere a la calidad de su desempeño profesional.
En ese punto, y si se compara en forma proporcional, la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) le lleva la delantera a la UNT: seguramente impulsada por su filosofía fundacional ("la Universidad de los trabajadores"), esa institución ha desarrollado diversas acciones de cooperación con el medio, tanto desde su Secretaría de Ciencia y Técnica como a través de sus graduados, que han aprovechado con creces la ley impulsada por el ex legislador Rodolfo Succar, por la que se obliga al Estado a privilegiar a las universidades nacionales como consultoras preferenciales. Nobleza obliga, hay que reconocer que la Regional Tucumán de la UTN es mucho más pequeña y más manejable que la UNT. Como dice el secretario de Ciencia y Técnica de la UTN Tucumán, Luis Mentz, "los graduados aportan conexiones con la industria y le acercan a la Universidad el ?know how?, el conocimiento que da la práctica".
El propio Mentz agrega que la investigación básica es sólo parte de un proceso al que el desarrollo y la asistencia técnica pueden sumarle valor agregado. No sólo él piensa así. El domingo, la bióloga Ana María de Fonollat, que -con su equipo- desarrolla para un ingenio salteño un programa de control biológico de plagas en caña de azúcar, sinceró, en una entrevista con LA GACETA, el prejuicio de muchos investigadores a propósito de la investigación aplicada.
Alguna vez, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo, mandó a una científica "a lavar los platos". Hace unos meses, otro ex ministro, Roberto Lavagna, invitó "a no pensar tanto en la economía, y más en ciencia y tecnología". Ese contrapunto de ideas, que refleja dos países, sirve para definir la encrucijada en que se encuentra la Universidad en lo que respecta a su relación con la comunidad. Juan Cerisola y María Luisa de Hernández, que hoy comienzan a dirigir la UNT, están definiendo su gabinete. Y no sólo están eligiendo nombres. También están definiendo si el tan mentado "vínculo con el medio" se sintetiza en tareas dispersas de extensión y en investigaciones atomizadas. O si esta es, en cambio, una oportunidad para que la Universidad se ejercite en una cultura en la que el pensar no esté reñido con el hacer.






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