Grandes vs. chicos en el azúcar y en el limón
La diferencia de escala entre las empresas en las actividades citrícola y azucarera condiciona la posibilidad de acuerdos salariales en estos sectores productivos. Por Fernando García Soto - Redacción de LA GACETA - gsoto@lagaceta.com.ar
29 Mayo 2006 Seguir en 
Decían que estaba todo arreglado y en parte esto era cierto. En el plano de las negociaciones salariales, en el azúcar y en la citricultura hubo conversaciones, preacuerdos, debates posteriores, contramarchas, nuevas definiciones, y finalmente una semana que concluyó sin que se logren consensos sobre los porcentuales de los incrementos que se otorgarán este año. Estas dilaciones demuestran improvisación, sobre todo de los empresarios, que dejaron para último momento la resolución de un tema que es clave para el sector laboral, como el salarial. Ahora, con las campañas ya en marcha, se corre el riesgo de protestas que pueden derivar en perjuicios muy serios para las actividades. A principios de la semana pasada, la marcha de las negociaciones salariales en el azúcar y en el citrus hacía prever resultados satisfactorios para todos. En ambos sectores, el diálogo informal era fluido entre empresarios y sindicalistas, quienes aseguraban que entendían la importancia de lograr consensos para lograr campañas eficientes y en paz social. Pero luego empezaron los problemas, en especial en la parte empresaria, en gran medida por una cuestión de escala de las compañías que deben afrontar los incrementos de sueldos.
Por ahora, en la citricultura la negociación se desarrolla sin conflictos a la vista, pero con la tensión que provoca el recuerdo de las discusiones salariales del año pasado, que terminaron luego de una monumental protesta de casi una semana, con cortes de rutas. Esta vez la situación es distinta, porque la dirigencia de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) deslizó que aceptaría un porcentual de incremento menor que el que solicitó esta organización sindical para este año, del 20%. Sin embargo, el problema en este caso se da en el seno del sector citrícola, donde la diferencia de escala de los empleadores es tan abismal que hay empresarios que directamente manifestaron la imposibilidad de hacer frente a cualquier aumento -por mínimo que sea- en sus costos salariales. Trascendió que hay fuertes enfrentamientos en la Asociación Tucumana del Citrus (ATC) entre los que obtienen mayores ingresos (por ser exportadores) y los que se encuentran en una situación muy comprometida, porque sólo venden su fruta a las industrias.
Algo similar a lo que ocurre en el citrus sucede en el sector azucarero. También en la industria madre hay una pelea entre grandes y chicos por las diferencias de capacidades de cada empresa para afrontar las subas de salarios. Especialmente, las mayores quejas provienen de los representantes de los ingenios más chicos y de aquellos que poseen empleados con mucha antigüedad, para los que las sumas remunerativas significan un enorme costo en pagos de escalafón, por ejemplo.
En la citricultura, la semana se inicia ya sin la presencia al frente de la ATC de Carlos Parravicini (un ejecutivo de una de las industrias cítricas exportadoras más prestigiosas del país), y con el mensaje de Uatre de que las negociaciones salariales se desarrollarán en el marco de la cordura. Pero la ATC tiene que formular una oferta al gremio, pese a que -como se dijo- buena parte de los citricultores apenas pueden sobrevivir con los costos actuales.
En el azúcar -que, como nunca, tiene por delante una situación favorable en varios frentes, en especial en lo productivo y en lo comercial-, la perspectiva se presenta más delicada. Los obreros de Fotia sienten que los industriales del sector se burlaron de ellos cuando preacordaron un 21% de aumento salarial, que luego no se plasmó en un ofrecimiento formal. Sí, en cambio, se propuso un 19%, como trascendió que exige el Gobierno nacional en todas las paritarias de este año, a lo que Fotia contrarrestó con un nuevo reclamo del 24%. Caso contrario -advirtieron- habrá paro por tiempo indeterminado a partir de que venza el jueves la conciliación obligatoria dictada en este conflicto por el Ministerio de Trabajo. Esto, si no se prorroga la obligatoriedad de no realizar paros, por supuesto.
Las posiciones parecen tan irreductibles que los empresarios se encuentran en una encrucijada. Están obligados a buscar un punto de equilibrio -en el azúcar y en el citrus- para conformar a los trabajadores, sin dañar las economías de las empresas de menor escala, y sin caer en los dañinos paros de actividades.
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