Los juegos paralelos chocarán en 2007
Alperovich y Juri emprenderán, con distintos recursos, la búsqueda de la gobernación. Los jueces estarán condicionados por los poderes políticos. La ola de demandas judiciales contra la Constitución reformada generará tensiones que sobrepasarán el Mundial de Fútbol. Por Carlos Abrehu cabrehu@lagaceta.com.ar Secretario General de Redacción.
28 Mayo 2006 Seguir en 

El sexto mes del año acumulará tensiones políticas a causa de las cuentas pendientes que dejará la Asamblea Constituyente. La esperanza del Gobierno estriba en que el Campeonato Mundial de Fútbol , que empezará el viernes 9 del mes próximo mes en Alemania, narcotice a los políticos. No cree que la ciudadanía se inquiete por lo que vaya a suceder con la nueva Constitución, ya que los precedentes indican la existencia de una indiferencia monumental frente a ese hecho. El sondeo de LA GACETA On Line, que marcó el 68,27% de despreocupación, confirma esa impresión. Sin embargo, el manejo que tuvo el oficialismo de todo el proceso preelectoral y de la propia convención no hizo más que generar descontento. Se perfila, en consecuencia, una ola de demandas judiciales de diversa calidad intelectual en contra de la Carta Magna aún nonata. Desde el Gobierno se desliza que la obra magna del alperovichismo es un asunto que no admite revisión. Los abogados no se cruzarán de brazos, porque desde la supresión del Consejo Asesor de la Magistratura en 2003, sólo reciben bofetadas de la Casa de Gobierno. Se les endilga pertenecer a una corporación (el Colegio de Abogados), con un énfasis propio de los liberales ucedeístas de la vapuleada década de los 90. La polémica adquirirá fuerza tras la jura y puesta en vigencia del producto defendido hasta el fanatismo por la alianza del Frente de la Victoria con Participación Cívica. En ese momento, los jueces de la Corte Suprema de Justicia volverán a estar en el centro del ring. El constitucionalista Daniel Sabsay subrayó que cualquier ciudadano puede objetar la nueva Constitución, por lo que el abanico de potenciales impugnantes puede exceder a la dirigencia política. Acaso el panorama judicial termine aclarándose tras la feria de julio.
Blindaje consolidado
Si de algo no puede quejarse el gobernador José Alperovich es de haber quedado desprotegido institucionalmente. Se le erigió un blindaje de tal espesor que sólo podrá ser destituido con el voto de 28 legisladores por la vía del juicio político en el formato del Poder Legislativo actual, y por 37 cuando la Cámara aumente su número de 40 a 49 miembros en 2007. Idéntica cobertura alcanza al vicegobernador. Es sabido, por otra parte, que la aplicación de ese remedio extremo carece de viabilidad política cuando el partido gobernante dispone de la mayoría absoluta en el cuerpo legislativo, como ocurre ahora. Se le dotó, entonces, de un escudo protector exagerado para un régimen republicano. Los legisladores no osarán levantarse en armas y muchos de ellos son auténticos cuentapropistas, que hacen equilibrio entre la Cámara y la Casa de Gobierno. A la hora de la opción, no dudan en inclinarse por esta última. El vicegobernador Fernando Juri aprendió la lección que le deparó el curso de la Asamblea Constituyente. Los legisladores también salieron fortificados con más parapetos constitucionales: el fuero se extenderá fuera del recinto. Con las cabezas del Poder Ejecutivo -gobernador y vice- tendrán la chance de ser reelectos por dos períodos consecutivos, a partir de 2007. Con sus votos los convencionales Carlos Courel y Osvaldo Morelli se desdijeron ahora de la promesa que asumieron en el documento "Consensos básicos para Tucumán", de 1998. Los entonces legisladores radicales se habían comprometido a sostener que una eventual reelección no debía beneficiar a los promotores de la reforma constitucional.
De la remodelación practicada por el alperovichismo terminó debilitado el Poder Judicial, que no sólo no tendrá presupuesto propio, sino que estará a tiro de las componendas políticas que impulsen los legisladores y el gobernador. Curiosamente, la alianza oficialista sólo se quebró cuando se trató la mecánica para juzgar a los magistrados que no son jueces de la Corte Suprema. Tal vez fue la única disidencia pública de Participación Cívica, acaso por influencia de Roberto Martínez Zavalía. Este propuso que el Jurado de Enjuiciamiento -que definirá la culpabilidad de los jueces- dé cabida mayoritariamente a magistrados y a abogados, y a una minoría de legisladores. Prosperó, en cambio, la moción alperovichista que otorgó primacía a los políticos antes que a los hombres de criterio jurídico. El cerco sobre la libertad de maniobra del Poder Judicial es cada vez más asfixiante y se complementa con un Consejo de la Magistratura, que controlará a su antojo la Casa de Gobierno. La puesta en comisión de los jueces no figura en la letra reformada, pero la tutela de los poderes políticos sobre la Justicia es innegable. La garantía del ciudadano frente al desborde del poder político lo da el libre funcionamiento de la Justicia, que se halla condicionado por el articulado que se aprobó a instancias del alperovichismo. "Un poder sin control no da origen al estado constitucional: es su negación", reflexiona el jurista italiano Giovanni Sartori. La ausencia de fórmulas que atenúen la capacidad de mando de las elites gubernamentales, como la revocatoria de mandato por la acción popular, tiende a consolidar esa caracterización.
Mirando al futuro
Las escaramuzas por la sucesión en el partido gobernante están en la etapa preparatoria. Alperovich picó en punta anticipando que peleará por retener la gobernación. Reforzó su convergencia en el kirchnerismo con la asistencia a la plaza del Sí el jueves pasado y fletó más de 100 ómnibus a Buenos Aires, de los cuales el funcionario Federico Masso (Patria Libre) ocupó por lo menos 40. En medios políticos se calculó que la operación del jueves costó -incluyendo viáticos de $ 100 y comida- más de $ 1,2 millón. Se discutía si lo desembolsó la Nación o la provincia; en cualquier caso, los pagó el contribuyente. Además, el gobernador enfrentará el desafío de llenar la plaza Independencia o un estadio el 9 de julio, cuando Kirchner visite esta ciudad. Las exigencias políticas son mayúsculas para Alperovich, que siempre se esforzó por hacer buena letra con la Casa Rosada.
El vicegobernador despliega su juego en forma paralela. Sintió el obús que le dispararon desde "Compromiso K", la organización a la que se adhieren los diputados Beatriz Rojkés de Alperovich y Gerónimo Vargas Aignasse, desde donde se insinuó que simpatizaba con el neuquino Jorge Sobisch. En Buenos Aires -avisos mediante- Juri se esforzó en aclarar que apoya la reelección de Kirchner para 2007. Intentó disipar ese frente de tormenta, pero aquí invitó a los actos patrios del jueves a los jefes políticos del partido que detesta el kirchnerismo: Ricardo y Luis José Bussi. El gesto institucional evidenció una actitud nada sectaria, pero trasuntó una diferenciación nítida con la línea que baja de la Casa Rosada. La charla con los Bussi en Casa de Gobierno contrastó con los movimientos de Alperovich. El 25 de mayo se fue instalando la imagen de Juri dialoguista y sin asperezas verbales. Sigilosamente, las dirigencias cercanas al vicegobernador empiezan a formar juntas promotoras de su postulación para 2007. No hay autorizaciones públicas, pero tampoco vetos. Los hechos hablarán solos.
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