Hojas de marihuana en los semáforos tucumanos

Una "travesura" importada de otros países. En Buenos Aires, el año pasado aparecieron graffitis similares en decenas de luces. El poder del anonimato.

Semáforo “intervenido”  en Buenos Aires, en marzo del año pasado. Semáforo “intervenido” en Buenos Aires, en marzo del año pasado.
11 Abril 2006
Los graffitis y las pintadas callejeras son "intervenciones" ciudadanas que ya forman parte de casi todas las sociedades del mundo. Las hay políticas, artísticas, cómicas, íntimas, de denuncia. Casi no existe un tema que no se haya plasmado en los muros de una ciudad. Intelectuales y académicos han dedicado libros y neuronas a esta forma de expresión: "arte o vandalismo" es el debate más recurrente en torno de esta práctica.

Se han visto verdaderos murales en los lugares más insólitos, frases y refranes que nadie imagina cómo pudieron escribirse, y algunos autores han cobrado una trascendencia considerable en la cultura de la calle. Quién no recuerda a "Colirio", por ejemplo, un clásico del refranero callejero, desaparecido de escena hace más o menos una década.

Pero ahora, muchos tucumanos han sido sorprendidos por nuevas intervenciones, no tanto por el contenido, en este caso hojas de marihuana, uno de los íconos más utilizados en los graffitis deportivos y rockanroleros, sino por el "lienzo" elegido: los semáforos.

La imagen que se presenta con esta nota fue tomada este fin de semana por el lector José Ignacio Longo, en la esquina de Ernesto Padilla y avenida Mate de Luna.

Las pintadas de hojas de cannabis sativa en las esferas de los semáforos se inició hace ya varios años en Estados Unidos y en Europa, como parte de campañas organizadas por grupos que están a favor de la despenalización del consumo de esta droga. El año pasado sorprendió a muchos porteños, de distintos barrios, que comenzaron a ver como sus semáforos iluminaban este graffiti con forma de reclamo (Ver en Clarín "Aparecieron dibujos de marihuana en semáforos", crónica del 16 de marzo del año pasado)

Lo curioso es que tanto en Buenos Aires como en el resto de las ciudades, estos "vándalos" se servían de la luz verde para su mensaje (ver imagen al pie de esta nota). Con aerosol, recortes de cartulina o diferentes materiales, tapaban la luz verde del semáforo, con la forma de la hoja ahuecada en el centro. De este modo, el desprevenido automovilista descubría una hoja verde en el lugar de la clásica luz redonda.

En Tucumán, por el contrario, pintaron una hoja de marihuana sobre la luz roja. Tal vez, al revés de los porteños, los revoltosos tucumanos están en contra de la despenalización de esta droga. Una incógnita que desaparecerá junto con el detergente de los municipales, cuando limpien este y vaya a saber cuántos semáforos más pintados en la capital tucumana.
Lo cierto es que una vez más, en este caso, "Colirio" hubiera tenido razón cuando afirmaba en sus graffitis que "Las paredes limpias no dicen nada".





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