Dolores y reflejos

Análisis por Juan Manuel Asis

17 Marzo 2006
El estallido se produjo donde menos se esperaba: en la Secretaría de Derechos Humanos. Y como no podía ser menos, su titular, Bernardo Lobo Bugeau, se alejó aduciendo diferencias ideológicas con el ministro de Seguridad Ciudadana, Pablo Baillo. Si bien Lobo Bugeau esgrimió razones de solidaridad con el padre de la joven Paulina Lebbos, se fue cuestionando la política de seguridad del Gobierno, un tema que se constituyó en el flanco más débil del Ejecutivo frente a la opinión pública. Hoy es el talón de Aquiles de la gestión, y allí arrojó su dardo envenenado Lobo Bugeau.
Pero, sobre todo, expuso argumentos ideológicos que pueden retumbar en el orden nacional, si es que los ecos de esta minicrisis llegan a los oídos del kirchnerismo. El ex secretario de Derechos Humanos dijo que las maneras de Baillo eran propias de la dictadura, hecho que puede transformarse en un dolor de cabeza político para Alperovich. Si a nivel nacional se considera que Baillo tiene un pasado bussista; que fue ratificado en el cargo; que Lobo Bugeau tiene el aval de Luis Eduardo Duhalde (secretario de Derechos Humanos de la Nación y estrecho colaborador de Néstor Kirchner) y que su renuncia fue aceptada, hay mucho para elucubrar.
Pese a todo, Alperovich reaccionó rápido: designó a Daniel Posse -a quien ya le habría ofrecido ese cargo hace tiempo- y pidió a Lebbos que deshaga su dimisión, lo que no ocurrió. Trató de mostrar que puede salir de situaciones críticas y que, como lo dice, siempre tiene un reemplazante para cada funcionario. Otro mensaje para sus colaboradores, como aquel de que echará del gabinete al que lance rumores de internas fuera del PE.