El médico de Juan Pablo II escribió un libro

Revelan que el Vaticano se enteró que el difunto Papa tenía Parkinson en 1991, pero que no reveló la información hasta cinco años después.

16 Marzo 2006
ROMA.- El Papa Juan Pablo II no les dio importancia a sus enfermedades y ha menudo se rehusó a recibir tratamiento médico, de acuerdo a un libro escrito por algunos de sus más cercanos ayudantes, incluyendo a su médico personal.

El libro, que saldrá a la venta el miércoles, también afirma que el Vaticano se enteró que el difunto Papa presentaba los síntomas de la enfermedad de Parkinson en 1991, pero que no reveló la información hasta cinco años después.

El volumen de 118 páginas, cuyo título "Let Me Go" (Déjenme ir) está inspirado en las últimas palabras pronunciadas por el Pontífice el 2 de abril del año pasado, incluye el historial médico del Papa en detalle, descrito por su doctor, Renato Buzzonetti.

El Papa fue sometido a cirugía en 1992 donde se le removió un tumor intestinal que había comenzado a convertirse en maligno, pero se mantuvo en silencio respecto de sus síntomas y dolores durante varios meses, y luego retrasó los urgentes exámenes que recomendaron sus doctores, dijo Buzzonetti.

Los días finales
"El Papa siempre tuvo un diálogo franco y sereno conmigo", escribe Buzzonetti en el libro, entre cuyos autores se encuentra el leal secretario de Juan Pablo II, Stanislaw Dziwisz.

"Cuando se hizo necesario, él fue el primero en responder de manera lúcida a las necesidades más apremiantes y en tomar una decisión rápidamente. Si en algunos casos hubo retrasos u omisiones, se trató de una elección a conciencia", escribió.

Buzzonetti, quien se desempeñó como médico personal del Papa por cerca de 27 años, también entrega descripciones gráficas y escenas privadas de los días, horas y minutos finales del sumo pontífice.

El Papa fue hospitalizado en dos períodos en febrero y marzo del 2005. Durante su segunda estadía, se le practicó una traqueotomía y se le colocó una sonda en la garganta para ayudarlo respirar, pero incluso entonces "preguntó con una conmovedora ingenuidad, si era posible esperar hasta las vacaciones de verano".

Buzzoneti relata cómo el 31 de marzo, tres días antes de su muerte, el debilitado Papa asistía a misa en su capilla cuando sintió un "repentino frío y tuvo violentas sacudidas".

Su temperatura se elevó los 40 grados a causa de una infección urinaria y un colapso cardio-circulatorio.

Aún así pidió permanecer en su residencia del Vaticano, donde fue asistido por un equipo médico a tiempo completo.

A la mañana siguiente, el Papa se encontraba "sereno y consciente" durante la misa que se realizó a las 6 de la mañana en su dormitorio. Empezó a perder y recuperar la conciencia alrededor de las 7.30 horas locales del 2 de abril, el mismo día de su muerte.

Más tarde ese mismo día pronunció sus últimas palabras comprensibles: "Déjenme ir a la casa del Señor" antes de caer en estado de coma y fallecer a las 21.37 horas locales. (REUTERS).

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