15 Marzo 2006 Seguir en 
BAGDAD.- Unos 80 cadáveres fueron hallados en distintos lugares de Irak, todos ellos con señales de tortura, en un nuevo giro de la espiral de violencia que ha dejado al país en una virtual guerra civil. Los hallazgos abonan las denuncias de sunnitas de la existencia de "escuadrones de la muerte", presuntamente dirigidos por funcionarios chiítas del gobierno interino.
A estos hechos se suman los atentados y ataques que a diario producen los insurgentes iraquíes. En lo que va de la semana, estos han dejado otros 80 muertos y decenas de heridos. Después del atentado contra una mezquita chiíta en Samarra, el 22 de febrero, estalló un baño de sangre entre ambas comunidades musulmanas enfrentadas desde hace siglos por diferencias religiosas, que se ha extendido por todo el país. Según el Pentágono, la red Al Qaeda en la región está intentando desestabilizar el país; pero Irán responsabiliza a Washington por el conflicto interreligioso. Un estadounidense, que se identificó como guardia de seguridad, fue arrestado ayer por policías iraquíes que le descubrieron explosivos en el vehículo en el que se movilizaba. La detención se produjo en Tikrit, bastión sunnita del norte iraquí.
En este escenario se reunirá hoy, por primera vez, el Parlamento. Un toque de queda regirá en Bagdad para asegurar la asistencia de los representantes chiítas, sunnitas, kurdos y líderes seculares que integran el cuerpo legislativo.
Los bloques intentarán formar un gobierno de unidad nacional, bajo intensa presión de EE.UU. Sin embargo, los esfuerzos de la dirigencia iraquí por responder a las exigencias de EE.UU. chocan con el conflicto entre chiítas y sunnitas, que amenaza con agravarse. Un sunnita que fue a buscar a pariente en la morgue de Chaab, cerca de Ciudad Sadr -de mayoría chiíta-, dijo que el miembros del Ejército de Mehdi -la milicia que responde al clérigo Moqtada al Sadr- se habían llevado a su primo. "El se defendió y antes de llevarlo lo golpearon ante la mirada de los policías, que no hicieron nada para impedirlo", ddijo. (AFP-NA)
A estos hechos se suman los atentados y ataques que a diario producen los insurgentes iraquíes. En lo que va de la semana, estos han dejado otros 80 muertos y decenas de heridos. Después del atentado contra una mezquita chiíta en Samarra, el 22 de febrero, estalló un baño de sangre entre ambas comunidades musulmanas enfrentadas desde hace siglos por diferencias religiosas, que se ha extendido por todo el país. Según el Pentágono, la red Al Qaeda en la región está intentando desestabilizar el país; pero Irán responsabiliza a Washington por el conflicto interreligioso. Un estadounidense, que se identificó como guardia de seguridad, fue arrestado ayer por policías iraquíes que le descubrieron explosivos en el vehículo en el que se movilizaba. La detención se produjo en Tikrit, bastión sunnita del norte iraquí.
En este escenario se reunirá hoy, por primera vez, el Parlamento. Un toque de queda regirá en Bagdad para asegurar la asistencia de los representantes chiítas, sunnitas, kurdos y líderes seculares que integran el cuerpo legislativo.
Los bloques intentarán formar un gobierno de unidad nacional, bajo intensa presión de EE.UU. Sin embargo, los esfuerzos de la dirigencia iraquí por responder a las exigencias de EE.UU. chocan con el conflicto entre chiítas y sunnitas, que amenaza con agravarse. Un sunnita que fue a buscar a pariente en la morgue de Chaab, cerca de Ciudad Sadr -de mayoría chiíta-, dijo que el miembros del Ejército de Mehdi -la milicia que responde al clérigo Moqtada al Sadr- se habían llevado a su primo. "El se defendió y antes de llevarlo lo golpearon ante la mirada de los policías, que no hicieron nada para impedirlo", ddijo. (AFP-NA)







