02 Marzo 2006 Seguir en 
BAGDAD.- Una semana después del ataque a la mezquita dorada de Samarra, uno de los santuarios chiítas más importantes de Irak, la ola de venganza y de rabia sigue azotando al país. Una nueva oleada de atentados dejó ayer al menos 30 muertos, lo que eleva a 380 la cifra de víctimas mortales. Además, cerca de 500 personas resultaron heridas en el conflicto intersectario desde el ataque a la mezquita.
Según analistas, Irak se halla en el umbral de una guerra civil. Los templos sunnitas arden en llamas; los atacantes suicidas se inmolan en los populosos barrios chiítas de Bagdad. Casi todos los días surgen escenas escalofriantes y, con cada acción sangrienta, crece el ansia de las víctimas de pagar al enemigo con la misma moneda.
Las conversaciones para formar un nuevo gobierno, aplazadas hasta ahora desde las elecciones parlamentarias de diciembre, quedaron descartadas. La desconfianza entre ambos bandos aumenta también desde el lado de los políticos. Ante esta situación, las recientes declaraciones del primer ministro iraquí, Ibrahim al Yafari, sonaron a burla: "nuestro país está unido como un puño". (DPA)
Según analistas, Irak se halla en el umbral de una guerra civil. Los templos sunnitas arden en llamas; los atacantes suicidas se inmolan en los populosos barrios chiítas de Bagdad. Casi todos los días surgen escenas escalofriantes y, con cada acción sangrienta, crece el ansia de las víctimas de pagar al enemigo con la misma moneda.
Las conversaciones para formar un nuevo gobierno, aplazadas hasta ahora desde las elecciones parlamentarias de diciembre, quedaron descartadas. La desconfianza entre ambos bandos aumenta también desde el lado de los políticos. Ante esta situación, las recientes declaraciones del primer ministro iraquí, Ibrahim al Yafari, sonaron a burla: "nuestro país está unido como un puño". (DPA)







