12 Agosto 2002 Seguir en 
"Hartos de la inmundicia", tres oficiales de la Policía de Tucumán decidieron denunciar una situación que les causará enorme malestar a las miles de personas que fueron víctimas de punguistas y mecheras en la última década. "Medio centenar de delincuentes, la mayoría de ellos mujeres, operan en el microcentro de Tucumán con total impunidad, protegidas por un sector de la Justicia y de la misma Policía", aseguraron.
LA GACETA les concedió a estos oficiales el beneficio del anonimato que previamente habían solicitado, ante el severo riesgo que correrían sus vidas a partir de su confesión.No sólo causa estupor el relato de los efectivos, sino también la abundante documentación que presentaron, en donde consta que hay mujeres que fueron detenidas 10, 20 y hasta 30 veces por causas como hurtos, robos, lesiones, amenazas de muerte, asaltos en banda, asociaciones ilícitas, tentativas de robo o de hurto, incendios intencionales, entre otros atentados, delitos y contravenciones.
Presiones
"Aunque no ignoran la cadena de complicidades, nuestros superiores nos presionan para que actuemos, pero todo lo que hacemos cae en saco roto; a veces detenemos in fraganti a una punga y dos horas más tarde la vemos trabajando de nuevo", dijeron. El rostro de los oficiales se desencaja de bronca mientras hablan y hablan, muestran documentos, citan nombres, direcciones, contactos, teléfonos... Uno de los policías tiene casi tres décadas en la fuerza y conoce detalladamente el movimiento delictivo del microcentro. "A veces se juntan en avenida Sáenz Peña, frente a la ex terminal de ómnibus, y avanzan por 24 de Septiembre. Ingresan al centro por Muñecas, Maipú o Junín, todo depende de quién sea el agente que está parado en cada esquina; si es un policía antiguo, con muchos años en la profesión, pasan de largo y buscan otra esquina, porque seguro serán reconocidas. En cambio, los agentes nuevos no las distinguen", explicó.
LA GACETA les preguntó "¿qué hacen los policías antiguos cuando reconocen a una punguista que está por entrar al centro?" "Algunas veces -responde uno de los efectivos- se las obliga a retirarse y se las acompaña unas cuadras hacia afuera, pero uno debe regresar a su lugar y ellas dan la vuelta y retornan al centro por otra calle".
Otro de los oficiales aporta un dato deplorable: "la mayoría de las pungas cuenta con apoyo logístico de policías de civil que recorren el centro y les informan por celulares dónde están los agentes más veteranos, para que eviten pasar por allí". Luego agrega: "si de todas maneras alguna punga es apresada, muchas veces ocurre que al minuto para un móvil policial que ordena entregar a la detenida; nosotros sabemos que la punga que trasladan en ese móvil estará suelta en una hora o a más tardar en un día".
Tarifas fijas
Los oficiales revelaron también que hay un abogado, el mismo para todas, a quien las pungas le pagan $100 cada vez que ingresan a Tribunales. "Si no llevan ese dinero encima al momento de ser detenidas, recurren a un banquero, que opera cerca de avenida Roca al 3.400", informaron.
"En Tribunales saben perfectamente quiénes son los policías implicados, porque las pungas y las mecheras, cada vez que son detenidas, revelan a qué agente y cuánto le pagaron para poder trabajar sin problemas", aseguraron los efectivos.
Rara vez va a la cárcel una punguista
Para el hurto, la pena posible es de un mes a dos años de prisión y es excarcelable. "Pero los fiscales ni siquiera las tienen los diez días de detención y las dejan en libertad, muchas veces, apenas declaran", se quejó un comisario.
Un fiscal dijo que están atiborrados y reconoció que las pungas y las mecheras no tienen prioridad ante hechos más graves. "Además, la Policía generalmente las trae sin secuestros ni pruebas y sólo porque son caras conocidas; así no se puede imputar a nadie", había reconocido el 11 de junio de este año un alto funcionario judicial.
El comisario Alfredo Jiménez informó que la Dirección de Investigaciones llega a detener entre 35 y 40 mecheras en una semana. En la seccional 1a, el comisario Roberto Palavecino dijo también que el número de mujeres arrestadas en una semana por el mismo delito puede llegar a una decena. "Cada vez somos menos. Lo que pasa es que ya nos conocen y a veces es difícil trabajar así", admitió María de los Angeles a LA GACETA, una conocida mechera del microcentro. Ella dijo que las chicas ahora prefieren dedicarse a la prostitución porque ganan más plata. Se le preguntó si trabajan con la Policía. "Mientras no nos denuncie un comerciante, está todo bien; nos detienen, pagamos y nos vamos; rara vez vamos a Tribunales", contestó.
LA GACETA les concedió a estos oficiales el beneficio del anonimato que previamente habían solicitado, ante el severo riesgo que correrían sus vidas a partir de su confesión.No sólo causa estupor el relato de los efectivos, sino también la abundante documentación que presentaron, en donde consta que hay mujeres que fueron detenidas 10, 20 y hasta 30 veces por causas como hurtos, robos, lesiones, amenazas de muerte, asaltos en banda, asociaciones ilícitas, tentativas de robo o de hurto, incendios intencionales, entre otros atentados, delitos y contravenciones.
Presiones
"Aunque no ignoran la cadena de complicidades, nuestros superiores nos presionan para que actuemos, pero todo lo que hacemos cae en saco roto; a veces detenemos in fraganti a una punga y dos horas más tarde la vemos trabajando de nuevo", dijeron. El rostro de los oficiales se desencaja de bronca mientras hablan y hablan, muestran documentos, citan nombres, direcciones, contactos, teléfonos... Uno de los policías tiene casi tres décadas en la fuerza y conoce detalladamente el movimiento delictivo del microcentro. "A veces se juntan en avenida Sáenz Peña, frente a la ex terminal de ómnibus, y avanzan por 24 de Septiembre. Ingresan al centro por Muñecas, Maipú o Junín, todo depende de quién sea el agente que está parado en cada esquina; si es un policía antiguo, con muchos años en la profesión, pasan de largo y buscan otra esquina, porque seguro serán reconocidas. En cambio, los agentes nuevos no las distinguen", explicó.
LA GACETA les preguntó "¿qué hacen los policías antiguos cuando reconocen a una punguista que está por entrar al centro?" "Algunas veces -responde uno de los efectivos- se las obliga a retirarse y se las acompaña unas cuadras hacia afuera, pero uno debe regresar a su lugar y ellas dan la vuelta y retornan al centro por otra calle".
Otro de los oficiales aporta un dato deplorable: "la mayoría de las pungas cuenta con apoyo logístico de policías de civil que recorren el centro y les informan por celulares dónde están los agentes más veteranos, para que eviten pasar por allí". Luego agrega: "si de todas maneras alguna punga es apresada, muchas veces ocurre que al minuto para un móvil policial que ordena entregar a la detenida; nosotros sabemos que la punga que trasladan en ese móvil estará suelta en una hora o a más tardar en un día".
Tarifas fijas
Los oficiales revelaron también que hay un abogado, el mismo para todas, a quien las pungas le pagan $100 cada vez que ingresan a Tribunales. "Si no llevan ese dinero encima al momento de ser detenidas, recurren a un banquero, que opera cerca de avenida Roca al 3.400", informaron.
"En Tribunales saben perfectamente quiénes son los policías implicados, porque las pungas y las mecheras, cada vez que son detenidas, revelan a qué agente y cuánto le pagaron para poder trabajar sin problemas", aseguraron los efectivos.
Rara vez va a la cárcel una punguista
Para el hurto, la pena posible es de un mes a dos años de prisión y es excarcelable. "Pero los fiscales ni siquiera las tienen los diez días de detención y las dejan en libertad, muchas veces, apenas declaran", se quejó un comisario.
Un fiscal dijo que están atiborrados y reconoció que las pungas y las mecheras no tienen prioridad ante hechos más graves. "Además, la Policía generalmente las trae sin secuestros ni pruebas y sólo porque son caras conocidas; así no se puede imputar a nadie", había reconocido el 11 de junio de este año un alto funcionario judicial.
El comisario Alfredo Jiménez informó que la Dirección de Investigaciones llega a detener entre 35 y 40 mecheras en una semana. En la seccional 1a, el comisario Roberto Palavecino dijo también que el número de mujeres arrestadas en una semana por el mismo delito puede llegar a una decena. "Cada vez somos menos. Lo que pasa es que ya nos conocen y a veces es difícil trabajar así", admitió María de los Angeles a LA GACETA, una conocida mechera del microcentro. Ella dijo que las chicas ahora prefieren dedicarse a la prostitución porque ganan más plata. Se le preguntó si trabajan con la Policía. "Mientras no nos denuncie un comerciante, está todo bien; nos detienen, pagamos y nos vamos; rara vez vamos a Tribunales", contestó.







