Desde su infancia, Meiwes mantuvo en secreto su deseo de probar la carne humana

Semblanza del caníbal.

12 Enero 2006
Fráncfort.- Prácticamente nadie sabía algo de las fantasías perversas del "Caníbal de Rotemburgo". Desde su infancia, Armin Meiwes mantuvo en secreto su deseo de probar la carne humana. De pequeño, no lo contó a su familia y amigos de colegio. Más tarde, tampoco a colegas del trabajo, vecinos y conocidos.

Hace seis años, Meiwes, hoy con 44, comenzó a buscar una víctima en Internet utilizando un pseudónimo. Tan sólo algunos interesados por el canibalismo que lo visitaron en su casa supieron quién se encontraba detrás del anuncio. Para uno de ellos, un ingeniero de 43 años, uno de esos encuentros en marzo de 2001 acabó con la muerte.

En la trayectoria vital del caníbal no hay ningún punto que llame la atención. Después de pasar su infancia y sus años de colegio en Essen, en la minera cuenca del Ruhr, Meiwes se muda a Rotemburgo con su madre, quien por aquel entonces ya se había divorciado por tercera vez. En esa ciudad del estado federado de Hesse, sirvió al Ejército durante 12 años, después estudió informática y se especializó en el mantenimiento de computadoras y cajeros automáticos. Sus vecinos y colegas de trabajo lo describen como simpático, amante de los niños y siempre dispuesto a ayudar.

Fetichista
Pese a que no tiene miedo al contacto, Meiwes no consiguió establecer ninguna relación duradera con ninguna mujer. Más tarde, tampoco con ningún hombre. Vivió con su madre hasta la muerte de ésta en 1999. Ella era la que mandaba en casa.

Según un sexólogo, las fantasías de canibalismo de Meiwes provienen de su fetichismo por la carne de hombre muerto. El informático sólo conseguía excitarse sexualmente imaginándose que cortaba carne humana.

En el proceso, Meiwes aseguró que al comerse a un hombre pretendía crear una unión permanente con una persona. Según su abogado, no pudo hacer nada en contra de esa tendencia, aunque sí pudo evitar el acto en sí. (dpa)

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