Lo que falta y se espera

La indignada reacción del ministro Fernández reprodujo las habituales expresiones de desprecio por el periodismo. Por Angel Anaya

10 Enero 2006
BUENOS AIRES.- Cuando Kirchner y su esposa abandonaron el último viernes del año viejo la sede federal para descansar diez días en Santa Cruz, el ministro del Interior y quienes integran el círculo presidencial quedaron suficientemente informados de ese propósito. Sin embargo, el Presidente no quería que un anuncio público de sus breves vacaciones obrara como una señal de ocio en el Gobierno. Se dijo entonces en la Casa Rosada que sólo se trataba de un fin de semana largo; pero cuando se advirtió que no era así, comenzaron los pedidos de información reiteradamente denegados, y siguieron después las conjeturas más diversas. La indignada reacción del ministro político Aníbal Fernández reprodujo las habituales expresiones de desprecio por el periodismo, y lo que pudo haber sido un hecho normal, el descanso presidencial, se convirtió en otra demostración del escaso significado que el kirchnerismo asigna a la transparencia informativa. El corto asueto de Kirchner se interpuso también a una tradición universal de los jefes de Estado, como son los mensajes de Año Nuevo a la sociedad, generalmente despolitizados y de tono coloquial, con los que se superan las diferencias ideológicas en beneficio de la gran familia nacional. Los argentinos, se piensa con razón, han abandonado ciertos valores aparentemente secundarios, cuyo culto fortalece el espíritu comunitario y contribuye a la claridad de sus horizontes. Valores que sus dirigencias no cultivan mayormente, sin advertir que en ello les va muy buena parte de la condición que las inviste. Dirigencias políticas, especialmente, pero también de otros sectores no públicos que, a veces, olvidan que el utilitarismo y la ganancia deben tener igualmente una cuota de servicio para legitimar la competencia. Todas esas omisiones son las que debilitan nuestro sistema de vida libre, y alimentan la incertidumbre, desalentando las esperanzas. Desde el punto de vista económico podrá decirse que los índices sobre turismo y consumo con que comenzó el nuevo año son una muestra de progreso; pero no debe olvidarse que la economía es tan sólo una rama de la política y que esta no atraviesa por su mejor momento. La agenda de deberes pendientes es en ese orden tanto o más densa y profunda que cuando se recuperó la democracia, pues siguen sin reconstruirse o modificar instituciones imprescindibles: reforma del sistema representativo y de partidos políticos; apertura de los poderes públicos a la información; régimen de ética pública e imposición legal del diálogo en la gestión de gobierno, y otros temas esenciales generalmente pospuestos por las urgencias electorales que acucian a quienes ejercen el poder sin la necesaria condición de servicio. (De nuestra Sucursal)



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