Rescataron el cuerpo de un pescador

El domingo, dos hombres se ahogaron mientras paseaban en una canoa por La Angostura.

MUY FRAGIL. La canoa se dio vuelta cuando se levantaron las olas. LA GACETA / FRANCO VERA
MUY FRAGIL. La canoa se dio vuelta cuando se levantaron las olas. LA GACETA / FRANCO VERA
10 Enero 2006
El cuerpo de Oscar Alfredo Heredia, uno de los dos pescadores que murieron ahogados el domingo en el dique La Angostura, al darse vuelta la canoa en la que estaban pescando, fue encontrado ayer, a las 11, por el personal de la Dirección de Policía Lacustre en El Mollar. Luego del rescate, que fue presenciado por sus familiares, los restos de Heredia fueron trasladados a Famaillá, de donde era oriundo.
“En el lugar donde ocurrió el accidente -conocido como Ojo de Agua, en la cola del embalse- confluyen varios afluentes, por lo que es bastante barroso y está lleno de plantas acuáticas. El cuerpo se enredó en una de estas algas; por eso demoramos tanto tiempo en sacarlo”, explicó el subcomisario Héctor Figueroa, jefe de la comisaría de El Mollar.
El único que sobrevivió fue Salvador Martino, de 12 años, quien fue socorrido por vecinos. Estas, al escuchar sus gritos, hicieron una cadena humana para acercarlo a la orilla. El padre de Salvador, Arturo Martino, no pudo mantenerse a flote y se ahogó. Su cuerpo fue encontrado pocas horas después de la tragedia. “Mi hermano se fue con su amigo a pasar el fin de semana en El Mollar y decidieron entrar al dique a dar una vuelta en bote. El no sabía nadar”, contó Eulogio, el hermano mayor de Oscar.
Emilse Gómez, la novia de Heredia -que estaba por recibirse de procurador- dijo que no era la primera vez que navegaba en el embalse y lo definió como un fanático de La Angostura.  “La canoa sólo tiene lugar para dos personas y eran tres los que estaban pescando. Y ninguno tenía salvavidas. Esas son las precauciones mínimas que deberían haber tenido en cuenta antes de salir a navegar”, acotó Figueroa.
Respecto de la seguridad existente en el embalse, el subcomisario comentó: “en la zona conocida como El Embarcadero, hacia el sur del dique, hay carteles indicadores que previenen a los pescadores (el accidente ocurrió en la parte norte). Y siempre hay uno o dos guardias recorriendo el perilago en cuatriciclo o a pie, para asistir a quien lo necesite”. Andrés Ríos, de 16 años, contó que, junto con su padre, viaja seguido a pescar en El Mollar.
“Nunca nadie nos explicó cómo prevenir accidentes; tampoco vimos policías que controlaran la zona. Uno de los oficiales que rescataron a Heredia nos recomendó que tengamos cuidado”, afirmó el joven.

CONSEJOS

• Tenga la precaución de utilizar las zonas habilitadas para bañarse. Las que no lo están, implican riesgos: pueden ser  aguas profundas, con corrientes peligrosas, o tener rocas que pueden provocar lesiones, o ser aguas contaminadas.

• Respete las señales (banderas, carteles, boyas), y enseñe a sus niños su significado y la importancia de respetarlas.

• No se introduzca en el agua luego de haber comido.

• No arriesgue a introducirse en el agua hasta lugares en donde no haga pie aunque sea buen nadador. Gran parte de las muertes por ahogo se produce entre personas que saben o que “creen” saber nadar.

• Recuerde que zambullirse arrojándose desde muelles o rocas lo expone a traumatismos de su columna cervical que pueden dejar secuelas permanentes (parálisis de los miembros inferiores o de miembros superiores e inferiores).
n Los niños deben ser vigilados por un adulto responsable cuando entran al agua. Es preferible que entren al agua con un adulto que sepa nadar. No se les debe dejar sobre botes o lanchas, solos o con personas que no saben manejarlas, se encuentren estos en la costa o lejos de ella.

• Los salvavidas como los anillos inflables o las colchonetas no son elementos de seguridad. Jamás deje a sus niños alejarse de la costa con estos elementos que se tornan ingobernables en aguas torrentosas, ante remolinos o viento.

• Es importante que los niños aprendan a nadar, pero el aprendizaje debe hacerse en una pileta y no en aguas agitadas o torrentosas.

• Siempre que se camine entre las aguas, se debe ir revisando la profundidad con una vara de madera. Jamás se debe atravesar ramas ni piedras en el cauce. Ante el riesgo de pisar elementos cortantes, no ingresar descalzo al agua.