10 Enero 2006 Seguir en 
Como todos los años, cuando llegan las Fiestas, el microcentro es invadido por la venta callejera, y se replantea la necesidad de que la Municipalidad concrete el demorado reordenamiento del centro de la ciudad de Tucumán.
Valga recordar que en años anteriores se había determinado que se fijarían “cupos” de puestos de venta callejera por cuadra, lo que finalmente se revirtió por el imperio de los hechos. Y a medida que se acercaban las fiestas del último fin de año, el centro se volvió intransitable. Concluido el período de las fiestas navideñas y de Reyes, sería saludable que la Municipalidad de Tucumán encare nuevamente la decisión de reordenar el área, tal como se ha comprometido a hacerlo el gobernador José Alperovich. Valga recordar, al respecto, que entre las conclusiones a las que se arribaron en el reciente Taller participativo sobre el Plan estratégico para San Miguel de Tucumán 2016 se señala la existencia de un grupo de nudos críticos, que están corporizados, sin excepción, en la desordenada postal que registra el microcentro tucumano. Entre esos “nudos” se señalan: la evidencia insoslayable de una fractura urbana y social; la presencia de un área central con situaciones de deterioro, congestión y saturación; la existencia de focos de vulnerabilidad ambiental y dificultades de accesibilidad y tránsito, sumado a la crisis del transporte urbano. Es innegable que la existencia de la venta ambulante o informal es un producto de esa sociedad fracturada a la que alude el documento mencionado; sin embargo, sin dejar de reconocer que una de las causas de la informalidad (que en Tucumán trepa al 50%, según estimaciones del propio Gobierno tucumano) ha sido la paulatina desaparición de fuentes de empleo “en blanco” en la última década, un simple recorrido por el microcentro permite constatar que de la mano de esa informalidad se está registrando desde hace ya varios años en la zona del Mercado del Norte un grave impacto ambiental. La mayor evidencia al respecto se encuentra en los residuos generados desde los puestos de venta de frutas y verduras, que son vertidos en las calles sin el mínimo reparo.
Sin embargo, hay que remarcar que ese deterioro ambiental no sólo es provocado por la informalidad de la venta ambulante, sino también por los fluidos que desde hace un largo tiempo emanan del interior del Mercado, y que, sobre todo en verano, vuelven la atmósfera irrespirable. En lo que respecta a los puestos de venta de otros rubros, el impacto acústico generado por la venta de material discográfico “pirata” es cada vez más elevado. A ello hay que sumarle que la ocupación de la vía pública por el comercio informal atenta contra la seguridad de los peatones, ya que ante la estrechez de las veredas de Tucumán muchas veces no hay otro recurso que caminar por la calle con el riesgo consecuente de ser atropellado por algún vehículo. En este último sentido, cabe admitir que la Municipalidad ha encarado algunas medidas para el ordenamiento del tránsito, como la planificación de las llamadas “paradas tubo” para taxis, con lo cual se ha descongestionado en parte la circulación vehicular, que era caótica.
Sin embargo, hay que señalar que así como se descomprimió el núcleo neurálgico del microcentro, el transporte ilegal “buscó” calles paralelas, y el desorden vehicular se corrió unas cuadras, pero no por ello desapareció. Ambas situaciones muestran que se requiere de una política institucional muy clara para encarar una reorganización del centro. Todo ello, sin perder de vista que la mayor presión está dada por la comprensible búsqueda de supervivencia por parte de miles de tucumanos de toda la Provincia que en décadas han ido despoblando el interior por falta de trabajo, y se han mudado a los municipios aledaños a la ciudad de Tucumán.
Valga recordar que en años anteriores se había determinado que se fijarían “cupos” de puestos de venta callejera por cuadra, lo que finalmente se revirtió por el imperio de los hechos. Y a medida que se acercaban las fiestas del último fin de año, el centro se volvió intransitable. Concluido el período de las fiestas navideñas y de Reyes, sería saludable que la Municipalidad de Tucumán encare nuevamente la decisión de reordenar el área, tal como se ha comprometido a hacerlo el gobernador José Alperovich. Valga recordar, al respecto, que entre las conclusiones a las que se arribaron en el reciente Taller participativo sobre el Plan estratégico para San Miguel de Tucumán 2016 se señala la existencia de un grupo de nudos críticos, que están corporizados, sin excepción, en la desordenada postal que registra el microcentro tucumano. Entre esos “nudos” se señalan: la evidencia insoslayable de una fractura urbana y social; la presencia de un área central con situaciones de deterioro, congestión y saturación; la existencia de focos de vulnerabilidad ambiental y dificultades de accesibilidad y tránsito, sumado a la crisis del transporte urbano. Es innegable que la existencia de la venta ambulante o informal es un producto de esa sociedad fracturada a la que alude el documento mencionado; sin embargo, sin dejar de reconocer que una de las causas de la informalidad (que en Tucumán trepa al 50%, según estimaciones del propio Gobierno tucumano) ha sido la paulatina desaparición de fuentes de empleo “en blanco” en la última década, un simple recorrido por el microcentro permite constatar que de la mano de esa informalidad se está registrando desde hace ya varios años en la zona del Mercado del Norte un grave impacto ambiental. La mayor evidencia al respecto se encuentra en los residuos generados desde los puestos de venta de frutas y verduras, que son vertidos en las calles sin el mínimo reparo.
Sin embargo, hay que remarcar que ese deterioro ambiental no sólo es provocado por la informalidad de la venta ambulante, sino también por los fluidos que desde hace un largo tiempo emanan del interior del Mercado, y que, sobre todo en verano, vuelven la atmósfera irrespirable. En lo que respecta a los puestos de venta de otros rubros, el impacto acústico generado por la venta de material discográfico “pirata” es cada vez más elevado. A ello hay que sumarle que la ocupación de la vía pública por el comercio informal atenta contra la seguridad de los peatones, ya que ante la estrechez de las veredas de Tucumán muchas veces no hay otro recurso que caminar por la calle con el riesgo consecuente de ser atropellado por algún vehículo. En este último sentido, cabe admitir que la Municipalidad ha encarado algunas medidas para el ordenamiento del tránsito, como la planificación de las llamadas “paradas tubo” para taxis, con lo cual se ha descongestionado en parte la circulación vehicular, que era caótica.
Sin embargo, hay que señalar que así como se descomprimió el núcleo neurálgico del microcentro, el transporte ilegal “buscó” calles paralelas, y el desorden vehicular se corrió unas cuadras, pero no por ello desapareció. Ambas situaciones muestran que se requiere de una política institucional muy clara para encarar una reorganización del centro. Todo ello, sin perder de vista que la mayor presión está dada por la comprensible búsqueda de supervivencia por parte de miles de tucumanos de toda la Provincia que en décadas han ido despoblando el interior por falta de trabajo, y se han mudado a los municipios aledaños a la ciudad de Tucumán.







