Emergentología

Por Alvaro José Aurane. La reedición del abuso estatal contra el ciudadano.

05 Enero 2006

El apego de un Estado por los derechos de los ciudadanos es difícil de mensurar. Pero a veces surgen parámetros objetivos que ayudan a medirlo con cierto grado de certeza. Los argentinos presencian por estos días ese fenómeno. En un nuevo año de "vacas gordas", la Nación y la Provincia volvieron a declarar, por enésima vez, la "emergencia económica". Lo que demuestra que el respeto por las garantías de los gobernados es, sencillamente, nulo. Sin margen de error.
En Tucumán, esta conducta oficial tiene unos tres lustros. Entre los agravantes de esta temporada hay que contar los récords de coparticipación federal y de recaudación provincial. Ello permitió pagar 1,5 millón de dólares por un helicóptero, y proyectar la adquisición de un avión, por otros 6 millones de dólares. Eso sí, dada la prórroga de la "emergencia económica", a los tucumanos no podrán pagarles como es debido las deudas que el Estado contrajo con ellos. Esos compromisos no se cancelan con dinero, sino con títulos de la deuda pública, que deben canjearse a lo largo de 10 años y en cómodas cuotas. O ser sacrificados por la tercera parte de su valor en el mercado de valores.
Se determina, así, un privilegio inadmisible para el Estado. Tal prerrogativa (sumada a los "superpoderes" que, en la Nación, se conceden al jefe de Gabinete) sólo se justifica en situaciones excepcionales, de extrema gravedad. En definitiva, cuando aparece una emergencia, por aguda que fuere, siempre es de duración limitada. En Tucumán y en el país, en cambio, estas facultades llegaron para quedarse. Y durante décadas.
Consecuentemente, 2006 debuta con la ininterrumpida repetición de una medida abiertamente inconstitucional. Porque no se trata de que vivir en la emergencia es inconcebible. En el "Jardín de la República" ese es el modo de vida de la mitad de la población, que subsiste bajo la línea de pobreza. La cuestión es, en realidad, que se torna inaudito -e insoportable- vivir en la ilegalidad y en el abuso estatal.
De la responsabilidad por la injustificable reedición de la "emergencia económica" no escapa ningún poder. El Ejecutivo la fomenta como ley de orden público, pese a que la realidad económica cambió sustancialmente. El Legislativo lo respalda. Y el Judicial lo admite, porque la doctrina contra estos atropellos es clara. Sólo hay que aplicarla.
Como era de esperarse, además, este sistema de inacabables irregularidades generó otros esquemas perversos, que también se prolongan. Es el caso del pago con tickets del 20% de los sueldos estatales. Para defenderse, la Provincia aduce que sus empleados pueden adquirir casi cualquier producto con esos valores, que hoy no sufren desagio. En verdad, el daño no es contra el agente. Inclusive, durante los 10 años previos a la jubilación (son los que computan para el cálculo del haber como pasivo), le desembolsan toda la remuneración en efectivo. El perjuicio, en realidad, es contra el sistema previsional. Para este, los tickets equivalen a pago en negro, ya que no se deducen aportes de la porción salarial que no se abona con dinero.
En otros términos, que a los 60.000 estatales les abonen el 20% del salario en ticket, equivale, para la seguridad social, a que se pague en negro a uno de cada cinco empleados públicos. Y eso es igual a tener que jubilar en el futuro a 12.000 trabajadores que durante buena parte de su actividad no aportaron dinero.
El resultado es un círculo vicioso. Es imposible salir de la emergencia, porque el mismo Estado que la declara es también el que la alimenta. La receta ni siquiera es tucumana. En el orden nacional, el kirchnerismo, devenido pagador compulsivo del FMI, al que tanto dice aborrecer, también cocina estos desaguisados. De hecho, el único contexto de emergencia económica de un país que no tiene empacho en desembolsar 10.000 millones de dólares, es que el Banco Central perdió el 40% de las reservas. Eso sí, qué alivio; liquidando esa deuda barata, se ahorrarán -apenas- 400 millones de pesos en tres años.
Fenómenos como este pueden observarse sólo en el subtrópico. Es una pena que no estén en peligro de extinción.

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