Advertencias de la economía

La amenaza de una disparada inflacionaria es un fantasma siempre latente en la historia argentina.

03 Enero 2006
Las advertencias de distintos economistas sobre el riesgo de una disparada inflacionaria a lo largo de 2006 no deberían ser subestimadas por el Gobierno nacional, que hasta ahora ha minimizado un índice que supera el 12%, cuando el ex ministro Roberto Lavagna se había comprometido a no superar el 10,5% al analizar el Presupuesto 2005. La amenaza de una disparada inflacionaria es un fantasma siempre amenazante en la fatigada historia argentina, y no sólo tiene implicancias económicas, sino, valga recordarlo, psicológicas y políticas. De ahí la necesidad de reclamarle al Gobierno la asunción de medidas que superen el coyuntural control de precios, política de corrección que ahora parecen dispuestos a profundizar esta semana, ampliando el ruedo del diálogo a otros sectores de la producción y del comercio con los que no se había negociado todavía.
Entre quienes han advertido sobre el riesgo de la inflación está el ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Claudio Loser. En declaraciones a LA GACETA, desde Washington, el economista remarcó que hay que encender la luz de alerta cuando se superan los niveles inflacionarios del 5 o del 6% (como dato, valga recordar que un punto de inflación representa 300.000 nuevos pobres en la Argentina). Loser advirtió también sobre la necesidad de controlar la política monetaria y sobre la importancia de garantizar un ámbito de reglas claras para fomentar la inversión privada y mejorar, así, la oferta de productos en el mercado interno, para ponerle paños fríos al fantasma inflacionario, que afecta especialmente a los sectores más pobres, porque impacta en la canasta básica.
Entre esas reglas hay que remarcar la necesidad de fijar pautas claras en materia de recaudación tributaria -que en diciembre ha registrado un crecimiento del 33% respecto del mismo período de 2004- y de retención de exportaciones. Como dijo Loser, la inflación incide negativamente sobre el gran desafío de crear las condiciones necesarias para reducir la pobreza. Y, como ha agregado el economista, para sostener el crecimiento del 9% en el que está embarcada la Argentina sería necesario atraer no sólo la inversión privada local, sino también al inversor internacional. Por ahora, los pronósticos son menos optimistas, y apenas arriesgan entre un 5 y un6% para 2006, merma que se explica, justamente, por la señalada falta de capacidad instalada en el sector productivo.
Nadie puede desconocer que si bien la obra pública ha sido en los últimos dos años un motor importante de empleo en la Argentina, sólo el inversor privado, movido por un genuino interés de generar negocios rentables, puede garantizar una oferta sostenida de trabajo, que no esté supeditada a oscilaciones de tipo electoralista.
Entre otras voces de advertencia que se alzaron para prevenir sobre los riesgos de un futuro escenario inflacionario, el economista Manuel Solanet ha remarcado que si no se logra una mayor estabilidad de precios, habrá distorsión creciente en los precios relativos; se desalentará la inversión y se apreciará una distribución más regresiva del ingreso.
Como se ha dicho, la inflación no sólo tiene efectos económicos. También tiene alcances políticos y psicológicos, y la historia de la economía argentina muestra que en oportunidades se han encarado decisiones que terminaron convertidas en un bumerán, porque en lugar de atraer inversiones sólo lograron ahuyentarlas, en ausencia de un escenario que ofreciera reglas claras para el desarrollo económico.



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