Con una plancha, asesinaron a un jubilado

La víctima había invitado a su casa a dos jóvenes y, en cierto momento, se desencadenó una feroz pelea. Los acusados intentaron escapar.

MACABRO. El cuerpo de Sixto Pérez aparece al fondo, y en el piso se ve la plancha con la que lo mataron.
MACABRO. El cuerpo de Sixto Pérez aparece al fondo, y en el piso se ve la plancha con la que lo mataron.
10 Agosto 2002
Ruidos en la casa contigua asustaron a una mujer que, creyendo que se trataba de un robo, llamó a la Policía. Pero cuando los efectivos llegaron se dieron con un impresionante crimen, ocurrido en dudosas circunstancias; y, para peor, uno de los acusados es sobrino de quien dio la voz de alarma.
Hasta ahora sólo existe la versión de los dos detenidos, un chico de 16 años y otro de 21, identificado como Germán Gabriel Gastaminza. Ambos dijeron que, poco después de la medianoche, conocieron en la calle a Sixto Eugenio Pérez. Luego de charlar un rato, este los invitó a su casa, en calle San Juan 38, a tomar una gaseosa, y hacia allí fueron, según le dijeron a la Policía.
Pérez, de 72 años, vivía en una casa pequeña y desvencijada. Se ingresa por una puerta de chapa, que da a la calle. Un jardín conduce a la vivienda, que tiene un comedor, una pieza chica, una cocinita y el baño, que está en el fondo. Esa parte de la casa está casi derruida, y sirve, además, como guarida de por lo menos 30 gatos, con los que Pérez convivía. Fue en ese lugar donde se desencadenó un impensado drama, que terminó con la muerte del dueño de la vivienda.
Aparentemente, Pérez y el menor habían comenzado una violenta discusión en la habitación, que de inmediato dio paso a los golpes. Al escuchar lo que estaba pasando, Gastaminza habría corrido en ayuda de su amigo. Había rastros del enfrentamiento en toda la casa, incluido el jardín, en el cual quedaron las pantuflas de Pérez y sus anteojos, además de una gran mancha de sangre. El final de la pelea fue terrible. El jubilado recibió varios golpes en la cabeza con una plancha, lo que le provocó gravísimas heridas que motivaron su muerte. El cuerpo el hombre, que estaba vestido con un pantalón corto, una remera y una campera de gimnasia, quedó en medio de un impresionante charco de sangre, e inclusive quedaron manchas en la parte superior de la pared. A su lado estaban las llaves de la vivienda.

La alarma
Cuando todo esto sucedía, Isabel Gastaminza, quien vive al lado (San Juan 36), llamó a la seccional 1ª y advirtió que escuchaba gritos y ruidos. Una comisión integrada por los oficiales Vicente Neira y Daniel Soria, al mando del comisario principal Roberto Palavecino, llegó a los pocos minutos. Cuando se detuvieron en el lugar, uno de los jóvenes sacó la cabeza por arriba de la tapia y vio a los policías.
Entonces, junto con su amigo, corrió hacia el fondo. Los policías patearon la puerta, que estaba cerrada con llave, y los persiguieron. Los chicos saltaron la tapia del fondo y se metieron en la casa de la señora Gastaminza, que estaba con su esposo y con sus hijos. Aterrorizados, al ver que los sospechosos pretendían abrir una de las puertas que daban al interior de la vivienda, les avisaron a los policías, quienes, al final, los detuvieron. "Tía, tía, no dejés que nos peguen", gritó uno de los jóvenes, ante lo cual la mujer se dio cuenta de que uno de los acusados era su sobrino. La ropa de los jóvenes estaba totalmente manchada con sangre. La plancha que utilizaron para cometer el crimen quedó en el jardín. En el caso, a pesar de tener a los presuntos autores detenidos, quedan varios cabos sueltos. La vivienda estaba totalmente desordenada, y no únicamente por la pelea. Por eso se investiga si los acusados habrían querido llevarse algo. Inclusive los cajones y hasta la arena de los floreros estaban revueltos. En el lugar no se encontraron armas de ningún tipo. Anoche, ambos imputados declaraban ante el fiscal Pedro Gallo y el secretario Fernando Valladares.
Dos sobrinos de la víctima, Juan Carlos y Rosa -sus únicos familiares- viven en El Manantial, y ayer se mostraron conmocionados por lo que había pasado. "Lo mataron como a un perro. El no le hacía mal a nadie y no merecía morir de esta manera", aseguraron.

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