31 Diciembre 2005 Seguir en 
La familia continúa siendo para la sociedad argentina el fundamento de su presente y del futuro proyecto de nación. Las graves crisis que ha padecido nuestro país han podido ser superadas a partir justamente de la fortaleza de la institución familiar.
Así lo evidencia una pormenorizada encuesta encargada durante el mes de noviembre pasado por la Universidad Austral a la consultora Gallup sobre 1.000 casos en todo el país, mediante entrevistas personales domiciliarias a miembros de la población adulta argentina mayor de 18 años.
La última investigación del mismo carácter se produjo en el año 2000, es decir, al tiempo en que la crisis cuyas secuelas todavía perduran afectaba a la comunidad nacional y daban lugar a fuertes desequilibrios sociales.
La reflexión medular de los consultados concierne a los aspectos en que debería centrarse una sociedad ideal, donde la familia ocupa el primer lugar, con el 80 % de las respuestas, y siguiendo en orden decreciente los individuos (13 %), el gobierno (8 %), la Iglesia (7 %) y los negocios (3 %).
Entre todos, el primer rubro es el único que ha crecido con relación a la encuesta anterior, afirmándose el concepto familiar como el anclaje más seguro en los vaivenes del presente tiempo histórico, que no sólo afecta a los argentinos.
Al priorizar a la familia como valor esencial, el matrimonio concebido como unión hombre-mujer tiene una definición del 82 % constituyendo el núcleo familiar para el 81 %. El 74 % considera, por otra parte, que es mejor para un niño crecer en un hogar en donde la madre y el padre están casados.
Esas opiniones no impiden que el 79 % de los consultados estime que el divorcio es la mejor solución en caso de desavenencias que afecten la vida en común, un índice superior en 10 puntos al del año 2000, y por el que se advierte, por otra parte, la influencia de la crisis.
También se observa en el reciente análisis un descenso en la importancia atribuida a tener hijos para la calidad de la vida familiar, de 74 % en 2000 a 67 % en el año actual.
Otro dato significativamente referencial es que en el presente la condición de la vida en familia no depende, como hace un lustro, de la seguridad económica, sino de la calidad de relaciones en el matrimonio, situación esta que regularía el número de hijos.
Los encuestados señalan, paralelamente, la reducción de la descendencia, relacionándola (57 %) con las desalentadoras políticas estatales. Otros factores revelan cambios entre ambas encuestas, pero que no afectan a la concepción que nuestra sociedad mantiene sobre el rol de la familia.
Tan firme es esa creencia que cuando se considera la solución para problemas sociales como la delincuencia juvenil, la violencia o las adicciones, se privilegia al rol de la familia (48 %) sobre el del Estado (38 %).
Esos rasgos positivos sobre la célula básica de la sociedad no excluyen, por cierto, una visión objetiva acerca de la pérdida de calidad de vida familiar durante los últimos 30 años, en opinión del 69 %, pero que no desmerece ni reduce el concepto del vínculo sobre el cual se construyó una sociedad nacional con orígenes tan diversos como los de la histórica corriente inmigratoria.
El finalizar este año con buenos resultados económicos tras la profunda crisis, pero caracterizado por las intolerancias y por el sesgo autoritario del poder público que agobia a las instituciones, ese informe sobre lo que los argentinos piensan y sienten sobre la familia es, sin duda, la mejor promesa.
Especialmente, para un futuro que parece no preocupar lo necesario a quienes tienen la ineludible responsabilidad de conducir a la Nación en unión y en libertad.
Así lo evidencia una pormenorizada encuesta encargada durante el mes de noviembre pasado por la Universidad Austral a la consultora Gallup sobre 1.000 casos en todo el país, mediante entrevistas personales domiciliarias a miembros de la población adulta argentina mayor de 18 años.
La última investigación del mismo carácter se produjo en el año 2000, es decir, al tiempo en que la crisis cuyas secuelas todavía perduran afectaba a la comunidad nacional y daban lugar a fuertes desequilibrios sociales.
La reflexión medular de los consultados concierne a los aspectos en que debería centrarse una sociedad ideal, donde la familia ocupa el primer lugar, con el 80 % de las respuestas, y siguiendo en orden decreciente los individuos (13 %), el gobierno (8 %), la Iglesia (7 %) y los negocios (3 %).
Entre todos, el primer rubro es el único que ha crecido con relación a la encuesta anterior, afirmándose el concepto familiar como el anclaje más seguro en los vaivenes del presente tiempo histórico, que no sólo afecta a los argentinos.
Al priorizar a la familia como valor esencial, el matrimonio concebido como unión hombre-mujer tiene una definición del 82 % constituyendo el núcleo familiar para el 81 %. El 74 % considera, por otra parte, que es mejor para un niño crecer en un hogar en donde la madre y el padre están casados.
Esas opiniones no impiden que el 79 % de los consultados estime que el divorcio es la mejor solución en caso de desavenencias que afecten la vida en común, un índice superior en 10 puntos al del año 2000, y por el que se advierte, por otra parte, la influencia de la crisis.
También se observa en el reciente análisis un descenso en la importancia atribuida a tener hijos para la calidad de la vida familiar, de 74 % en 2000 a 67 % en el año actual.
Otro dato significativamente referencial es que en el presente la condición de la vida en familia no depende, como hace un lustro, de la seguridad económica, sino de la calidad de relaciones en el matrimonio, situación esta que regularía el número de hijos.
Los encuestados señalan, paralelamente, la reducción de la descendencia, relacionándola (57 %) con las desalentadoras políticas estatales. Otros factores revelan cambios entre ambas encuestas, pero que no afectan a la concepción que nuestra sociedad mantiene sobre el rol de la familia.
Tan firme es esa creencia que cuando se considera la solución para problemas sociales como la delincuencia juvenil, la violencia o las adicciones, se privilegia al rol de la familia (48 %) sobre el del Estado (38 %).
Esos rasgos positivos sobre la célula básica de la sociedad no excluyen, por cierto, una visión objetiva acerca de la pérdida de calidad de vida familiar durante los últimos 30 años, en opinión del 69 %, pero que no desmerece ni reduce el concepto del vínculo sobre el cual se construyó una sociedad nacional con orígenes tan diversos como los de la histórica corriente inmigratoria.
El finalizar este año con buenos resultados económicos tras la profunda crisis, pero caracterizado por las intolerancias y por el sesgo autoritario del poder público que agobia a las instituciones, ese informe sobre lo que los argentinos piensan y sienten sobre la familia es, sin duda, la mejor promesa.
Especialmente, para un futuro que parece no preocupar lo necesario a quienes tienen la ineludible responsabilidad de conducir a la Nación en unión y en libertad.







