BUENOS AIRES.- Nunca desde que tenemos memoria parlamentaria la fraccionada oposición de la Cámara de Diputados ha logrado la unidad operativa demostrada por notorios tirios y troyanos, para hacer frente, más que a un proyecto, a señales hegemonistas de presidencialismo. No los unió el amor sino el espanto, explicó uno de los líderes del encuentro en frase borgeana, aclarando con ello que los idearios sectoriales quedaron a un lado ante el objetivo común. La respuesta embravecida de Kirchner poco después de esa asamblea abierta a sectores sociales no menos diversos, no aclaró un hecho tan llamativo como la urgencia del matrimonio presidencial por reformar el Consejo de la Magistratura. Qué vendrá después de lograrlo, se han preguntado algunos entre severas dudas sobre lo que oculta esa premura por extremar el presidencialismo en la Justicia. Todo indica que la relativa, aunque escandalosa, facilidad con que el Ejecutivo logró extender la emergencia económica en Diputados y aprobar la ley tributaria a su medida, lo impulsó a imponer la reforma cuestionada, sin sensibilidad para advertir que sus relaciones políticas estaban al borde de un detonante. Por añadidura, la réplica de Kirchner a la ofensiva opositora ha contribuido a fortalecerla, dando lugar a reuniones para armar una estrategia que vaya más allá del explosivo proyecto. Esas consultas se harán manteniendo un enlace permanente con instituciones y ONG que, a pesar de no tener idearios comunes, respondieron a la convocatoria abierta de la oposición para contener los desbordes del poder presidencial. Por lo pronto, el acuerdo para no producir dictámenes en minoría, evitando así que el oficialismo los haga suyos para retornar al Senado, donde impondría su voluntad como cámara iniciadora, ha sido una demostración de solidez estratégica. Por otra parte, la deserción del sector del kirchnerista de Luis Juez , intendente de Córdoba, está poniendo sobre aviso al oficialismo sobre las dificultades de un debate que trasciende a la ciudadanía bastante más de lo pensado. Un sondeo entre quienes participan de la coalición opositora permite observar que la motivación más gravitante es la evidencia de que el Gobierno ha demostrado, después de las elecciones, su propósito de personalizar el poder, extremando incluso la crisis del Partido Justicialista. Esa preocupación aparece especialmente en el socialista Hermes Binner, quien, tras la victoria en Santa Fe, prefirió moderar su posición opositora y ahora aparece como uno de los más firmes en detener el derroche de poderío que está tratando de imponer Kirchner desde las urnas. Todo indica, al fin, que la nueva integración de Diputados puede significar una instancia crítica de recomposición política. (De nuestra Sucursal)
29 Diciembre 2005 Seguir en 







