La penúltima semana de diciembre cierra con saldo favorable para el gobernador. José Alperovich avaló abiertamente la purga policial en una demostración de su autoridad. Esa capacidad de gestión le ha dado tremendos réditos políticos y una base de lanzamiento para nuevos proyectos. La elección interna abierta del domingo pasado mostró que el aparato gubernamental funciona aceitadamente. El ciudadano medio aún no exige más cosas a una administración que se asentó básicamente en obras públicas. La debilidad política de los anteriores gobernadores contrasta con la movilidad de Alperovich. Este tampoco escatima recursos ni oportunidades para ocupar espacios públicos. Su aparición en el semanario "Gente" como uno de los 108 personajes del año, y las fotografías con el boxeador Manuel Pucheta y con el futbolista Juan Krupoviesa lo pintan de cuerpo entero. La irradiación de su personalidad en todos los ámbitos es una de las piezas centrales de su política. Alperovich está de campaña permanente aquí y allá, haya o no comicios. El gobernador desborda y quienes debieran controlarlo -los opositores- están en crisis.
La reivindicación de las autonomías municipales forma parte de la acción propagandística de la reforma constitucional, que encaró con energía el alperovichismo. Sin embargo, la práctica política del gobernador es intervencionista. Con distintos procedimientos y ante situaciones diferentes, se ingenió para sujetar bajo su supervisión las municipalidades de Bella Vista, de Banda del Río Salí y de Tafí Viejo. Las desavenencias domésticas y los escándalos lugareños le dieron pie para transformarse en el primer actor de la vida política de esas ciudades. El reclamo eficientista de obras ayuda a ganar el beneplácito de las comunidades, mientras el jefe de Estado acumula más poder, al exhibirse como el motor del progreso. La vocación expansionista del alperovichismo es gigantesca, hecho del que también son responsables las fuerzas antagonistas.
De ida y de vuelta
La ausencia de frenos a los planes gubernamentales trasunta debilidad de los partidos que teóricamente desempeñan el papel de fiscales. El tratamiento de la ley de Presupuesto por la Legislatura reveló que peronistas, radicales y republicanos no se diferenciaron en el momento de levantar la mano. El Ejecutivo, contento.
Sólo cuatro representantes votaron en contra: Alejandro Sangenis (Movimiento Popular Tres Banderas), Rodolfo Danesi (Ciudadanos Independientes), Pedro Stordeur (Recrear) y Ernesto Padilla (FR). Estos tres últimos dialogaron con el ex candidato presidencial Ricardo López Murphy en talleres de reflexión política, la semana pasada. López Murphy se alarmó por la fragilidad institucional de Tucumán y por las actitudes de Alperovich, al que calificó de exponente cabal del populismo kirchnerista.
El presupuesto incrementó el poderío político y financiero de la Casa de Gobierno para un año electoralmente clave, como es 2006. Los legisladores tuvieron su contrapartida: su presupuesto de $ 62 millones en 2005 pasará a $ 90 millones en 2006. Es difícil que esa trepada no se haya dado sin la venia privada de Alperovich. La mayoría de la Cámara no es indócil a los requerimientos del oficialismo, por lo que la política de Alperovich no encuentra obstáculos en su despliegue. El peronismo refractario ve que el vicegobernador Fernando Juri pierde terreno, pese a la aparente armonía de la alianza celebrada con Alperovich. La reacción que se incuba contra la ley de elecciones primarias abiertas en filas legislativas denota el temor que existe por su desplazamiento de las listas oficialistas de 2007. El regreso a una ley de lemas acotada es lo que maquinan entre bambalinas. La pista la dio el propio Juri cuando comentó que podría reformarse el régimen que rigió durante los comicios internos del domingo pasado.
La reaparición de los sublemas sería funcional para la contención de legisladores y de otros dirigentes que tienten suerte con la reelección en 2007. Les serviría también de atajo para escapar del cerco alperovichista. En elecciones primarias abiertas los candidatos del alperovichismo sepultarían impiadosamente a sus adversarios.
Del desprestigio reciente de los sublemas, nadie se acuerda. La oleada de inauguración de trabajos públicos coadyuvaría a que se desvanezca el malestar social.
La dinámica del aparato estatal enterró el pronóstico del vicegobernador. El Frente de la Victoria más que duplicó los 50.000 votos vaticinados por Juri, por cuanto llegó a 103.000. Su primo Fernando Juri Debo tampoco salió bien parado en la capital. Mucho menos, el intendente Domingo Amaya. Hubo, entonces, más de un derrape en la carrera por las candidaturas a constituyentes, en el distrito más resistente al PJ hasta los comicios del 23 de octubre.
Se decía que el fastidio se apropió de Casa de Gobierno cuando se supo de la conjetura de Juri. Se multiplicaron los esfuerzos para dejar por el piso la estimación cuantitativa del vicegobernador en el interior. En la capital, en cambio, legisladores y ediles no tuvieron el mismo fuego sagrado. Resultado: la lista mayoritaria consiguió 25.000.
El intendente salió maltrecho del episodio. A más de un encopetado funcionario de Casa de Gobierno le satisfizo lo que le pasó a Amaya: creen que aspira a levantar vuelo sin contralores. El alperovichismo retiró prudentemente a la primera dama de la liza. Acercarse a las 137.000 voluntades que conquistó Beatriz Rojkés de Alperovich en las elecciones de diputados en octubre pasado será una tarea ciclópea para Amaya.
La elección del Sindicato Municipal tampoco dejó un saldo favorable para la administración municipal. El triunfo de un gremialista duro como Osvaldo Acosta preanuncia una relación más conflictiva. Amaya se jugó entero por la reelección de Modesto Suárez. Sin embargo, prevaleció la oposición interna. Acosta conjugó distintos elementos para desbaratar la solución continuista. El peronismo refractario le colaboró subterráneamente en esa continua pelea por los espacios de poder. Gerónimo Vargas Aignasse -rival histórico del intendente- y el legislador Antonio Alvarez contribuyeron igualmente al descalabro de Suárez. El jaque a este se traslada automáticamente a Amaya y a su secretario de Gobierno, Germán Alfaro.
El desgaste político ronda a Amaya. Si algunas obras de gran impacto mediático, como la habilitación de los semáforos, no cristalizan en realidad, enfrentará la elección de febrero sin argumentos sólidos.







