Drogas y látigos

Por Roberto Delgado. El drama de los menores conflictivos no se resuelve.

23 Diciembre 2005

Dos escándalos sobre el tratamiento de los menores (como se llama a los adolescentes conflictivos casi marginales con los cuales debe lidiar la sociedad -y por ende-, el Estado) marcan las puntas de la indefinición oficial para enfrentar el problema. Hace dos meses se descubrió que a los jóvenes en conflicto con la ley los drogaban en el Instituto Roca para mantenerlos sedados, y ahora se denuncia que en el Hogar Belgrano un chico fue sometido a latigazos. Por esta denuncia, se encuentran detenidos el director del Hogar y el jefe de preceptores, y también un preceptor acusado de haber tratado de encubrir el hecho, facilitando la fuga del adolescente.El primer escándalo pasó sin pena ni gloria. A través de una investigación judicial, se descubrió que la directora del Roca, la psiquiatra Susana Viale, medicaba con psicofármacos a todos los internos -hay 28 menores alojados en la institución-, y aunque los forenses criticaron duramente la metodología usada, el caso pasó a manos de la Justicia Federal y nadie hizo nada. Según se sabe, los menores siguen siendo medicados. La sociedad se quedó callada -y también los jueces de menores- porque, aparentemente, los chicos adormecidos con drogas generan menos conflictos en la institución. Ayuda a esto, ciertamente, el hecho de que la directora del Roca exigió, antes de hacerse cargo de la institución, una guardia de medio centenar de policías para evitar cualquier problema. Tampoco quiso aceptar que, mientras no se hicieran las reformas de infraestructura, se enviara más menores al Roca.
Por eso es que en el Belgrano hay adolescentes peligrosos con causas penales -pese a que esto no debería permitirse- y otros siguen detenidos en la alcaidía de la Jefatura de Policía, un lugar que estaba destinado originalmente a los contraventores, es decir, a las personas que cometieron infracciones, no delitos. Y como no hay lugar para detener a los contraventores, se los sigue mezclando con los delincuentes detenidos en las comisarías, lo cual ya generó problemas en el pasado. A esto hay que agregar que hace pocos meses hubo un escándalo porque se reveló que los menores detenidos en alcaidía de la Jefatura estaban alojados en condiciones infrahumanas. Pero siguieron detenidos allí, porque las obras en el Roca avanzan muy lentamente.
Nada de esto llama demasiado la atención a la sociedad, porque los menores no generan estallidos, pese a que siguen siendo los protagonistas de la mayoría de los delitos, lo cual alarmaba, hasta hace poco, a los jueces que se encargan de esta problemática. Habría que ver si ahora, que 28 jóvenes reciben tratamiento con drogas, ha disminuido la conflictividad.El segundo escándalo, el del Belgrano, desató histeria y derivó en una reunión multidisciplinaria de funcionarios, de legisladores y de jueces, en la que se revelaron cosas interesantes: 1) la secretaria de Políticas Sociales, Beatriz Mirkin, reconoció que el personal que trata con los menores no está capacitado para esa tarea. Con lo cual es un milagro que no haya más denuncias por latigazos. Así se entiende que en el Roca sean necesarios 50 policías para contener a 28 chicos; 2) cada una de las partes expuso su punto de vista, y coincidieron en que tienen grandes diferencias de criterio; 3) todos aceptaron que está mal que haya menores peligrosos en el Belgrano, pero dijeron que, por ahora, no se puede hacer nada. La situación es igual desde hace dos años.
Al final del encuentro, decidieron formar una mesa multidisciplinaria para encontrar una solución "urgente". Claro que, con la velocidad de tortuga con que se ven los cambios en esta problemática, la urgencia siempre está marcada por el escándalo y no por las verdaderas necesidades de estos menores conflictivos y conflictuados, y de la sociedad que les teme y los padece.

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