El Gobierno y las FF. AA.

El discurso del Presidente en la entrega de diplomas a los nuevos militares.

23 Diciembre 2005
Durante la reciente entrega de despachos a subtenientes, a guardiamarinas y a alféreces de las FF.AA., el Presidente de la Nación pronunció un discurso donde, entre otras consideraciones, sostuvo: "hay que cambiar definitivamente las lógicas de las relaciones cívico-militares que contraponen ambos conceptos como contradictorios y opuestos. Tenemos que reemplazar esa visión arcaica por un vínculo distinto que relacione al conjunto de la sociedad con las Fuerzas Armadas". El concepto, expresado con moderación e imbuido del moderno rol militar en la institucionalidad democrática, invocó igualmente la visión perturbadora que aún perdura como residuo del peor pasado, al manifestar: "con memoria, pero sin rencores, se debe obtener justicia. Como ciudadanos, tenemos el deber y el derecho de conocer los hechos de nuestra historia reciente, que deben servirnos para aprender de ellos y no repetirlos. Como Estado -agregó-, hallar la verdad es nuestra obligación legal y ética, pero no se trata de impulsar una verdad a medias, ni sesgada por perspectivas parciales, porque eso no sería la verdad. Se trata de analizar un pasado doloroso con memoria y con justicia". El jefe del Estado propició en la misma ocasión el modelo defensivo de las FF.AA., previsión que ya contempla la ley de defensa, en cuanto les veda su intervención específica en el orden interno, y señaló para la institución castrense la necesidad de aportar a la producción para la defensa, función esta limitada desde hace largo tiempo por las reducciones presupuestarias.
Han sido muy saludables esas manifestaciones de Kirchner, mientras tenía a su lado a la nueva ministra de Defensa, Nilda Garré, la primera mujer que ocupa dicha función y cuya pasada militancia política probablemente se diluye en esa visión renovadora de las relaciones cívico-militares. Seguramente que el del Colegio Militar ha sido el acto presidencial más contribuyente a modificar las relaciones que, desde la asunción del gobierno, suscitaban reservas frente la ciudadanía. En este punto, recién parece tenerse en cuenta que ese rol de institución democrática que se pretende recuperar para las FF.AA. no es novedoso, ni mucho menos teórico, y así lo entiende nuestra sociedad, que lo demuestra en encuestas numerosas sobre la confianza en sus instituciones. La más reciente corresponde al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, cuya investigación en ese orden coloca a las FF.AA. en el cuarto lugar, con 29 puntos; y en los últimos, a los partidos políticos y a los sindicatos, con 6, disputando el descrédito y precedidos por el Congreso y el Poder Judicial, con 15 y 19, respectivamente. No debe sorprender que sea así tras los cambios que vivieron las organizaciones castrenses a partir de la abolición del servicio militar, su participación en causas internacionales de pacificación y el silencio manifiesto con que se observó en ellas el dramático devenir de la crisis que aún perdura.
El juicio a las juntas militares primero y después los conatos subversivos, en cada ocasión más minoritarios, fueron, con las severas autocríticas de sus comandantes, los testimonios más constructivos de esa confianza que hoy les depara nuestra comunidad democrática. Autocrítica todavía adeudada por la clase política cuando abusa de la dialéctica pasatista para tratar de ocultar sus responsabilidades como organizaciones intermedias del sistema representativo. Bienvenidas las reflexiones presidenciales, por su contenido y por el tono en que fueron expresadas, pues seguramente habrán de contribuir a que se disipen prejuicios y animosidades en rincones del poder donde todavía perdura la drogadicción sectaria del pasado.

Tamaño texto
Comentarios