Divinos mensajes

Por Alvaro José Aurane. El resultado de la interna para oficialistas y opositores.

22 Diciembre 2005

El chiste es así: Dios reunía, en los 90, a Boris Yeltsin, a Bill Clinton y a Carlos Menem, para pedirles que comunicaran a sus pueblos que había llegado el fin de los días. El ruso, en consecuencia, comunicaba dos malas noticias: Dios existía y se perdía el mundo. El norteamericano, en cambio, daba una mala y otra buena: llegó el fin de la humanidad, pero Dios existe. Y estaba el riojano. "Hermanas y hermanos, tengo dos buenas noticias para darles: Dios existe, y me ha nombrado su vocero".
El escenario político de la provincia, luego de las desastradas internas abiertas del domingo, permite reeditar la situación, aunque sin mucho humor.
El Gobierno tiene dos buenas noticias para darse. La primera es que volvió a sacudir las urnas: dice que obtuvo 103.000 sufragios, en los comicios en los cuales, por ejemplo, sólo sufragaron en la Escuela Normal de la capital 59 de los 2.416 electores empadronados. No son pocos los que consideran dudosa la cifra del escrutinio. Y no sin razón.
La segunda buena nueva oficial radica en que se aseguró un mínimo de participación opositora. Y de una oposición que no incomoda. Detrás de los 100.000 sufragios declarados por el alperovichismo el domingo pasado, viene, en segundo puesto, Participación Cívica, con 12.000 votos. La medalla de bronce es para la UCR y sus 7.000 boletas. Estas dos, por cierto, no compiten por el Este.
Los votos en blanco superan los que consiguió Izquierda Unida. Los impugnados y recurridos duplican a los obtenidos por Acción Provinciana. Y los sufragios del ASI y del Partido Obrero, juntos, no igualan los votos nulos.
Gracias a la asistencia de estas fuerzas, además, el Ejecutivo consigue que de los 35 partidos reconocidos como tales en la provincia, 18 celebren los comicios (sólo el Frente para la Victoria nuclea nueve) y 17 se abstengan. Y estos últimos, juntos, no superan el número de afiliados (161.000) del PJ.Por esto, los opositores concurrencistas tienen para dar una buena y una mala noticia. La buena es que lograron reunir los votos para seguir en carrera hasta febrero. Realmente, un alegrón. La mala es que el resultado, frente al aluvión justicialista, es casi un certificado de pobreza. Unas no lograrán ungir ni un constituyente. Y las que lo consigan, tendrán una presencia testimonial, óptima para validar lo que haga el PJ.No debe descartarse de plano (menos en el imprevisible subtrópico) el argumento de los dirigentes de estas fuerzas, referidos a que captarán a electores descontentos con el oficialismo, o con las fuerzas que se abstienen. Pero los comicios de octubre pasado y de octubre de 2003 (puramente legislativos) mostraron que el electorado que apoya al Gobierno, y el que avala a las fuerzas que salieron de la contienda, no mudaron antes hacia los que hoy compiten. Suponer que sí lo harán en febrero es, cuanto menos, arriesgado. Los concurrencistas mantienen un caudal estable de sufragios. Y con tendencia a la baja.
El Encuentro Popular y Progresista consiguió 17.500 votos hace dos años. Los partidos del ASI, que integraban aquel frente, sólo reunieron 13.000 hace 60 días. En idéntico período, el Partido Obrero pasó de 7.500 a 5.000 votos. Y la Izquierda Unida, de 6.000 a 3.500.
El radicalismo (sin un frente con Esteban Jerez), pasó de 40.000 con el Frente Unión por Tucumán (2003), a 27.000 con el Frente Cívico y Social, hace dos meses. Y ahora está fracturado, con el courelismo dividiendo las aguas.
Al final, no hay buenas nuevas en el plano de un sistema republicano. Habrá que aclarar que esto no se debe al aplastante resultado electoral oficialista: imponerse o no en las urnas es parte del juego de la democracia. En todo caso, el Gobierno ha venido a mostrar que la reforma ha terminado antes de comenzar. Con el resultado exhibido por sus huestes, y frente al rendimiento de los opositores, parece decir que la suerte ya está echada: se hará lo que él diga.
Para las instituciones hay dos malas noticias. Primero: se pierde la posibilidad de consagrar una Carta Magna con espíritu pluralista. Segundo: buena parte de la oposición ha sido designada por el Gobierno como su vocera.

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