20 Diciembre 2005 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Cuando esta semana considere el Congreso la decisión presidencial de desendeudarse con el Fondo Monetario, el oficialismo reunirá una aplastante mayoría en ambas cámaras. Esa situación hace bastante incomprensible que Kirchner haya optado hegemónicamente por un decreto de necesidad y urgencia en lugar de enviar un proyecto al Parlamento, tal cual corresponde constitucionalmente; porque ni la ley de emergencia ni los DNU dan para tanto.
El jefe del Gobierno habría podido consumar lo mismo su acto multisectorial en el Salón Blanco y habría lanzado un valioso gesto de institucionalidad en vísperas del nuevo tiempo de independencia de gestión y confianza que anunció. Contrariamente a lo que pudo pensarse a raíz de ese mensaje al heterogéneo auditorio, poco claro por momentos, no habrá reforma de la carta orgánica del Banco Central desde el punto de vista contable, pues los dólares efectivos de las reservas destinados al FMI serán sustituidos por títulos. Estos, por cierto, tendrán un interés muy superior a los que cobra el FMI, con lo cual, se aplicará el viejo sistema de pagar deudas a costa de un endeudamiento mayor en el tiempo; es decir, tirar la pelota hacia delante. Seguramente, también habrá voces en el Congreso en contra de esa modalidad, pero serán insignificantes. Como puede observarse, la historia se repite, mas si el manejo fiscal sigue siendo equilibrado, como en los últimos dos años, el resultado final puede ser muy diferente.
Señal de discrecionalidad
El discurso improvisado por Kirchner el pasado domingo en San Fernando se mantuvo en la línea de templanza dialéctica que aplicó en el Salón Blanco, pero evidenció nuevamente los secretos vericuetos con los que el Gobierno maneja las cuentas presupuestarias, en virtud de sus facultades especiales y de la docilidad del Congreso. Fue cuando inesperadamente prometió que en el próximo ejercicio los jubilados comenzarán su “recuperación paulatina”. Debe señalarse que el Presupuesto 2006 recientemente sancionado no contiene una sola referencia en ese orden, así como tampoco se escucharon en el debate propuestas en firme sobre el tema. La promesa presidencial indica, pues, que las cuentas públicas seguirán manejándose con el estilo discrecional con que lo han sido hasta el momento. Esta semana, por otra parte, se sabrá si el Poder Ejecutivo conseguirá aval legislativo suficiente como para echar su red de control sobre el Consejo de la Magistratura que auspicia la senadora Fernández de Kirchner. De paso, también podrá apreciarse la capacidad de la oposición renovada para actuar con alguna estrategia conjunta, lo que no se ha visto hasta el momento. (De nuestra Sucursal)
El jefe del Gobierno habría podido consumar lo mismo su acto multisectorial en el Salón Blanco y habría lanzado un valioso gesto de institucionalidad en vísperas del nuevo tiempo de independencia de gestión y confianza que anunció. Contrariamente a lo que pudo pensarse a raíz de ese mensaje al heterogéneo auditorio, poco claro por momentos, no habrá reforma de la carta orgánica del Banco Central desde el punto de vista contable, pues los dólares efectivos de las reservas destinados al FMI serán sustituidos por títulos. Estos, por cierto, tendrán un interés muy superior a los que cobra el FMI, con lo cual, se aplicará el viejo sistema de pagar deudas a costa de un endeudamiento mayor en el tiempo; es decir, tirar la pelota hacia delante. Seguramente, también habrá voces en el Congreso en contra de esa modalidad, pero serán insignificantes. Como puede observarse, la historia se repite, mas si el manejo fiscal sigue siendo equilibrado, como en los últimos dos años, el resultado final puede ser muy diferente.
Señal de discrecionalidad
El discurso improvisado por Kirchner el pasado domingo en San Fernando se mantuvo en la línea de templanza dialéctica que aplicó en el Salón Blanco, pero evidenció nuevamente los secretos vericuetos con los que el Gobierno maneja las cuentas presupuestarias, en virtud de sus facultades especiales y de la docilidad del Congreso. Fue cuando inesperadamente prometió que en el próximo ejercicio los jubilados comenzarán su “recuperación paulatina”. Debe señalarse que el Presupuesto 2006 recientemente sancionado no contiene una sola referencia en ese orden, así como tampoco se escucharon en el debate propuestas en firme sobre el tema. La promesa presidencial indica, pues, que las cuentas públicas seguirán manejándose con el estilo discrecional con que lo han sido hasta el momento. Esta semana, por otra parte, se sabrá si el Poder Ejecutivo conseguirá aval legislativo suficiente como para echar su red de control sobre el Consejo de la Magistratura que auspicia la senadora Fernández de Kirchner. De paso, también podrá apreciarse la capacidad de la oposición renovada para actuar con alguna estrategia conjunta, lo que no se ha visto hasta el momento. (De nuestra Sucursal)







