Llegar a viejo

Es posible definir políticas para la tercera edad. Por Nora Lia Jabif

20 Diciembre 2005
"Quizá llegar a viejo sería todo un progreso, un buen remate, un final con beso./ En lugar de arrinconarlos en la historia, convertidos en fantasmas con memoria.../Si no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina.../O si todos entendiésemos que todos llevamos un viejo encima...". Eso ha escrito alguna vez Joan Manuel Serrat, ese catalán empeñado en ponerles poesía a las postales más implacables de la realidad.
La poética de Serrat calza a medida con el panorama que acaba de describir el psicólogo experto en gerontología Ricardo Iacub, para quien el gran desafío de aquellos que trabajan con "los viejos" es llegar a considerarlos sujetos de derecho, personas autónomas con capacidad de decisión.
En su descripción de ese grupo humano -cada vez mayor, en este planeta envejecido-, Iacub ha recordado las recientes agresiones sobre ancianos, provocadas por delincuentes juveniles. Esos episodios son inquietantemente nuevos en la Argentina actual.
Iacub, asesor del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, avanza sobre aquel terreno en el cual los viejos son pura indefensión: el de la violencia doméstica o familiar. Al fin y al cabo, concluye, el Estado puede meterse en un geriátrico; pero no puede inmiscuirse en la intimidad de una casa.
El hombre no exagera. A la Dirección de Minoridad llegan denuncias de viejos maltratados por familiares, que llegan al extremo de internarlos en geriátricos o en neuropsiquiátricos, previa declaración de insanía, para apropiarse de la jubilación de los ancianos o de sus propiedades. Por eso es bienvenido el proyecto de limitación de internación que presentó la legisladora Beatriz Avila, y que impulsaron el psiquiatra Angel Uslenghi y la Defensora de Menores Mónica Romano. Por esa iniciativa, el dictamen médico es fundamental para determinar la pertinencia de la institucionalización. La filosofía, aquí, es la búsqueda de herramientas jurídicas o legislativas que protejan a los grupos más vulnerables, entre los cuales están los viejos.
En la misma línea, la Dirección de Familia y Adultos Mayores de la Secretaría de Políticas Sociales de la Provincia se sumó a tres programas de contención de la tercera edad diseñados por la cartera de Desarrollo Social de la Nación. Iacub vino a Tucumán por esas tres iniciativas: un programa de voluntariado social, otro de cuidadores domiciliarios y la capacitación para técnicos y profesionales de centros de día y de geriátricos. Este último es crucial. Al margen de lo dicho, ("es más fácil controlar un geriátrico que la intimidad de un hogar") los controles del Estado provincial y nacional sobre los geriátricos son precarios.
Afirman los expertos que es posible imaginar políticas públicas para la vejez: en países desarrollados (España, Israel o EEUU, entre otros), la fórmula es un "mix" entre tecnología y recursos humanos. En el primer apartado conviven la aparatología ortopédica con tecnología inteligente (alarmas, detectores de personas y otros dispositivos que, según Iacub, son menos onerosos de lo que parecen). En el segundo se inscriben iniciativas como aquellas a las que se sumó la Provincia, y que pueden ser profundizadas si hubiera voluntad política para hacerlo. En el caso de los cuidadores domiciliarios, el gobierno de Neuquén reclutó voluntarios entre quienes están cobrando planes sociales (reforzados con fondos propios) y los capacitó durante seis meses para su nueva función. En Tucumán, una experiencia similar estaría arrancando en febrero.
Sin embargo, Iacub asegura que para mejorar las condiciones sociales de los viejos cuenta tanto la tecnología como una actitud cultural en la que se le restituya su devaluada condición de persona. Para ello apela a la sabiduría de Serrat: "ponerse en los zapatos del viejo, para sentir lo que seremos en el futuro".




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