Los ómnibus de larga distancia

Los refuerzos son fundamentales en esta temporada ante la gran demanda de pasajes.

19 Diciembre 2005
La Defensoría del Pueblo resolvió, de oficio, recabar informes en las empresas de transporte de larga distancia sobre los refuerzos que deben implementar para los choferes, con motivo del inminente comienzo de las vacaciones. Según se informó, el requerimiento se llevó a cabo dados los numerosos accidentes registrados en ese tipo de transportes. La Defensoría explicó que tales refuerzos son fundamentales, porque la alta demanda de pasajes se refleja en extremas exigencias de esfuerzo y de concentración de ese personal y, lógicamente, en riesgo para el pasaje, por la situación de fatiga derivada en quienes conducen las unidades.
Parece muy positivo que el poder público intervenga en la realidad descripta. Sería ocioso recordar que el transporte terrestre de pasajeros es una modalidad enormemente difundida en todo el país. Ello, tanto por la desaparición del servicio de trenes como por los elevados costos del viaje por avión. Los desplazamientos en micro se han convertido, así, en el modo más utilizado para trasladarse de una punta a la otra del país, así como a ciudades del extranjero. Y es más que evidente que durante la temporada estival se multiplican los usuarios de ese servicio.
En general, se trata de viajes de muchas horas de duración, y las empresas, lógicamente, buscan cubrir esas largas distancias en el menor tiempo posible. Los choferes se ven sometidos, entonces, a fuertes requerimientos de servicio. La única manera de rodearlo de todas las condiciones de razonable seguridad es lograr que se habiliten refuerzos de personal, de modo que sea posible el adecuado relevo. No está de más, entonces, que se ponga especial preocupación en el asunto.
Existen, además, otros temas vinculados al rubro de transporte de pasajeros en micros que debieran también tenerse muy en cuenta. Sucede que, muchas veces, los coches sufren algún desperfecto que los obliga a detener su marcha. Es frecuente, entonces, que los pasajeros deban esperar largo rato -horas, a veces- en la carretera, hasta que llega la unidad de reemplazo que les permita proseguir el trayecto. No siempre esto se cuida como sería deseable. Hay casos en que el chofer de la unidad averiada debe detener a vehículos de otras empresas que pasan por la ruta, para rogar a sus conductores que se hagan cargo de los pasajeros que llevaba. Es evidente que una adecuada organización permitiría que estos inconvenientes se solucionen de un modo diligente y veloz, dentro de la órbita de la prestataria, que es la responsable. Es conocido que en la actualidad los conductores cuentan con sistemas de comunicación directa e instantánea con sus bases de operaciones.
Otra cuestión que debe ser controlada es la referida a que muchas veces las unidades no tienen, en las debidas condiciones, su sistema de refrigeración. Es obvio ponderar lo serio y fastidioso que resulta dicho inconveniente en épocas de elevadas temperaturas. No puede autorizarse, consiguientemente, que un coche salga de las terminales si está afectado por el referido desperfecto. Este convierte en sofocante su interior, que este es hermético ya que no existe la posibilidad de abrir las ventanillas. También puede mencionarse como de gran importancia el mantenimiento de la higiene de los sanitarios en cada vehículo, rubro que no siempre se cuida como debiera.
En suma, el comienzo de la temporada veraniega hace necesario que se preste la más despierta atención a estas y otras cuestiones. Esto para que los viajes interprovinciales e internacionales constituyan algo grato, y no una ocasión para inconvenientes, dilaciones o percances de cualquier tipo. El poder público debe ejercer la supervisión debida sobre todo esto.

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