Una vez, el presidente de un país dijo, en un discurso transmitido por cadena nacional, a todos los habitantes: "Ciudadanos, les tengo una buena y una mala noticia". "¿Cuál es la buena?", preguntaron entonces los periodistas. "Que nuestras deudas con el extranjero han sido saldadas", dijo el presidente lleno de orgullo, mientras los ministros aplaudían a sus espaldas. ¿Y la mala?, repreguntaron, expectantes, los hombres de prensa. "Que tenemos 72 horas para abandonar el país..." En momentos de euforia por un anuncio tan importante como el del jueves en la Casa Rosada, nada mejor que un chiste para distender el clima. Sucede que en nuestro país -en realidad, lo provoca el avance de la civilización- la vida trae apareada un sinnúmero de problemas que derivan en esa palabrita tan temida y que ya dejó de ser una moda: estrés. Y todos los días se prueba un nuevo recurso para combatirlo, con diferentes resultados. Algunos apuntan al humor. En España se practica desde hace años un nuevo tipo de medicina, con nombre singular: risoterapia. En pocas palabras, curarse a carcajadas.
Leyda Barrena, trabajadora social por la Universidad del Valle, en Colombia, lleva 12 años en España investigando la risa. En una nota publicada en el diario "El Mundo", la profesional indicó que tras varias carcajadas aumentan la ventilación y la sangre se oxigena. "La risa está conectada con el hemisferio derecho, parte del cerebro responsable de la creatividad, la intuición, el juego y el arte", añade.
De a poco, esta práctica se fue extendiendo a otros países y en el nuestro tiene cada vez más cultores. El músico y conductor televisivo Roberto Pettinato, que hace del absurdo una forma de vida, asegura: "la risa cura; es la obra social más barata y efectiva del mundo".
El médico estadounidense Patch Adams se hizo famoso luego de que el actor Robin Williams llevó su vida al cine, pero ya antes de esto era reconocido por su terapia. Curar con humor, mejorar con amor. "Yo, en realidad, quiero usar el amor y el humor para producir cambios en el mundo; es decir, que las personas se paren y estén a favor del amor y del humor, y pongan en un cajón el amor por el dinero y el poder excesivos", reflexionó Adams en una entrevista realizada durante su última visita a la Argentina, donde bajó del avión con su famosa nariz de payaso y su delantal blanco. El filósofo y escritor alemán Friedrich Wilhelm Nietzsche lo dijo claramente: "El hombre sufre tan terriblemente en el mundo que se ha visto obligado a inventar la risa".
Se trata de una de las pocas acciones que son propiedad exclusiva de los humanos. Científicamente está probado que el buen humor no sólo refuerza nuestros mecanismos inmunológicos, sino que también provoca beneficios a nivel físico y mental.
Durante la risa se contraen 15 músculos faciales, el diafragma y otros músculos del pecho, así como el abdomen. La frecuencia cardíaca se duplica; aumenta la presión sanguínea; la respiración se hace más rápida y profunda, se liberan hormonas y se activa el metabolismo. Según los médicos, con 15 minutos de risa se pueden llegar a quemar tantas calorías como corriendo o andando en bicicleta.
Argentina tiene enormes representantes en el ámbito del humor, de todos los tipos. Desde la elegancia y la inteligencia de Les Luthiers hasta el histrionismo de Los Midachi o de Enrique Pinti, pasando por la ingenuidad de Luis Sandrini o de Pepito Marrone o la grosería de Jorge Corona. Pero no sólo desde un escenario se logran risas. Maestros como Quino, Fontanarrosa, Caloi y, últimamente, Nik y Maitena también deben, todos los días, afilar sus plumas para hacernos sentir bien con sus dibujos. Cada uno en lo suyo, logra que su audiencia termine llorando, pero de risa. Los mismos comediantes reconocen que es mucho más difícil hacer reír que llorar. Por eso también se trata de un arte. Sólo es cuestión de probar. Cuando el estrés lo agobie, ría; cuando el diario trajín lo aplaste, ría. En cualquier momento del día, ría. Seguramente, de esta forma nos irá mejor.
18 Diciembre 2005 Seguir en 







