BUENOS AIRES.- Por absoluta mayoría la decisión de cancelar la deuda con el Fondo ha sido considerada en múltiples sectores un acto político; por consiguiente, no se espera que el repunte del dólar y la baja de los bonos argentinos sean más que pasajeros.
Un análisis más profundo sobre las razones que impulsaron, u obligaron, al Presidente a girar ese cheque usando reservas está apuntando necesariamente a una lógica ineludible: la decisión de Washington tras la Cumbre de las Américas de tomar distancia de las negociaciones con el organismo multilateral, y la imposibilidad de aceptar las exigencias del acreedor para negociar aplazamientos de la deuda.
Aquel propósito
Debe recordarse que a poco de asumir, la ministra de Economía, Felisa Miceli, declaró que esa negociación estaría lista para fines del primer trimestre de 2006, afirmación que corroboró al partir hacia Madrid. Si bien existía desde hace mucho tiempo -como hizo público el ex ministro Lavagna-, el propósito de saldar en algún momento el total de la deuda, la oportunidad de hacerlo se precipitó con el avance de la inflación y la resistencia kirchnerista a combatirla mediante acciones macroeconómicas que le hubieran restado apoyo político entre la ciudadanía.
Acciones que 48 horas antes del anuncio habían sido reiteradas en declaraciones del titular del FMI, Rodrigo de Rato. Si la medida no crea problemas económicos, ¿por qué no adoptarla?, fue el razonamiento y se resolvió así.
Seguramente que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, ha exagerado su optimismo al afirmar que el país acaba de convertirse en una excelente plaza de inversión. Si fuera así, significaría que el reconocido papel de auditor garantista del Fondo ante los mercados de inversión no es necesario. Sin embargo, son muy pocas las economías que en el mundo pueden lograr confianza sin estar en esa clase de relación con el organismo, observado como un inspector que trimestralmente husmea por las cuentas fiscales y dictamina sobre su estado.
El interrogante es ahora si Kirchner y sus colaboradores lograrán cambiar la vidriera histórica del país colocando en ella una gran exhibición de confianza para el largo plazo con el habitual discurso político que está matizando sus relaciones internacionales. El gesto gubernamental ha tenido también el fuerte rasgo presidencialista del poder kirchnerista: se produjo mediante un decreto de necesidad y urgencia, que se dio por firme cuando el Congreso, que debe disponerlo, lo ignoraba.
Qué duda cabe de que los legisladores necesarios serán obedientes; pero el estilo de poder demostrado en la ocasión no dejará de llamar la atención a los sensibilizados inversores. (De nuestra Sucursal)







