17 Diciembre 2005 Seguir en 
Existe cierto hábito peligroso, practicado a diario en todas las esquinas de las calles de nuestra ciudad, al cual nos hemos referido críticamente en varias oportunidades. Nos referimos a la actitud de los conductores de bicicletas que atraviesan esos lugares con total indiferencia respecto de las luces de los semáforos o de las indicaciones del agente municipal que dirige el tránsito. Los ciclistas -en su inmensa mayoría- obran como si para ellos no rigieran las pautas que acatan los conductores de vehículos de cuatro ruedas. Y, como no se advierte que su desacato tenga sanción alguna, la costumbre se ha arraigado hasta adquirir apariencia de aceptable. En efecto, actualmente constituye una rareza que se detengan con el resto de los automotores.
Ocioso sería ponderar los riesgos que esta conducta representa, tanto para el mismo ciclista como para el resto del tránsito y para los peatones que se disponen a cruzar la calzada. De allí que nos parezca necesario que la autoridad municipal adopte alguna medida para evitar la continuidad de lo que describimos. Significa agregar un elemento de franca inseguridad, a la ya bastante complicada circulación de nuestra capital.
Ocioso sería ponderar los riesgos que esta conducta representa, tanto para el mismo ciclista como para el resto del tránsito y para los peatones que se disponen a cruzar la calzada. De allí que nos parezca necesario que la autoridad municipal adopte alguna medida para evitar la continuidad de lo que describimos. Significa agregar un elemento de franca inseguridad, a la ya bastante complicada circulación de nuestra capital.







