Gran significación

Por Juan José Concha Martínez. Riesgos y desafíos de la decisión de Kirchner.

16 Diciembre 2005

Fue una medida de coraje político, un nuevo gesto de independencia, pero de riesgo para la economía. Los efectos directos de la decisión, incluso, no aparecerán inmediatamente en la vida de los argentinos. Audaz, Néstor Kirchner volvió a sorprender a buena parte de la sociedad. Como cuando se jugó a practicar una quita del orden del 70% a los tenedores de la deuda externa en default -considerada enorme y desalentadora para importantes sectores de la comunidad internacional-, ahora se atreve a dar otro paso histórico. De ese modo habría que entender, como una primera reacción, la decisión que el Presidente comunicó al país desde la Casa Rosada: el Gobierno nacional realizará un pago adelantado del total de su deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que asciende a U$S 9.810 millones.
Peleador, acostumbrado a jugar a ir por todas, la cosecha inicial de esta iniciativa será básicamente política para Kirchner. El "desendeudamiento", presentado como un freno a los reclamos continuos de los organismos multilaterales de crédito, reitera sus anteriores posturas de independencia y diferenciación con el Fondo y con los grupos de poder internacional. Y muestra también que comparte -al menos en esta materia- el rumbo tomado por Lula da Silva, quien, hace tres días, se había anticipado en la decisión.
Pero Kirchner no es Lula y la Argentina está lejos de compararse con Brasil: el líder brasileño es considerado como uno de los mejores alumnos del establishment internacional; las posturas y las ideas del hombre de la Patagonia aún generan dudas y distancia en los grandes centros de poder. La cancelación anticipada de la deuda que Brasil mantiene con el FMI fue considerada por el mundo de la economía como una prueba de solvencia financiera del país, a pesar de no estar en un gran momento. En cambio, los casi U$S 20.000 millones a los que quedarán reducidas las reservas del Banco Central de la República Argentina para sostener la evolución financiera y económica del país, no se vislumbran como suficiente garantía de estabilidad. Y ese es el punto, el talón de Aquiles al que se verá expuesta la iniciativa presidencial.
En líneas generales, saludada con aceptación y hasta con euforia, la decisión de Kirchner implica defender una renovada disciplina monetaria. Aunque se descuenta que no habrá problemas para sostener el actual tipo de cambio, también hay que dar pie a una advertencia de más de un experto: "nos exponemos a corridas", sugirieron. En esa línea, la iniciativa tiene otra lectura: "estar fuera del Fondo, sin un auditor que controle, también llamará la atención", planteó un ex funcionario.No hay, sin embargo, una confluencia de incertidumbres que oscurezca el desafío. Hay que decirlo: la Argentina gana autonomía política con la decisión de cancelar los pagos al FMI; sin tutelas, el Gobierno tendrá ahora un manejo completo y definitivo de su estrategia económica. Aun cuando en los últimos años el país ya estaba distanciado y no seguía a pie juntillas los dictados del organismo -había un acuerdo pendiente-, el tiempo que ahora se abre tiene una gran significación. ¿Cuál será ahora el nivel de responsabilidad fiscal que se tendrá en cuenta? ¿Se debe mantener en los actuales estándares el superávit fiscal? Ese precio de la independencia debería llevar a políticas y actitudes todavía más serias y responsables. La voz de los mercados serán centrales en los próximos días para evaluar la decisión. Una cosa parece mucho más clara. La madre de todas las batallas está un poco más acá. La escalada inflacionaria, la disciplina fiscal, la necesidad de más inversiones, la recuperación de los salarios, la profundidad de la pobreza y la exclusión constituyen el escenario por modificar. Con el Fondo o sin su tutoría, hay un gran trabajo por hacer. Y habría que esperar que el "derrame" de la decisión, los ansiados efectos sociales, no camine lerdo.

Tamaño texto
Comentarios