El diálogo, estilo en extinción

Una metodología que permite a los países democráticos estabilidad perdurable

16 Diciembre 2005
El diálogo pluralista y las políticas de Estado o de largo plazo tienen una estrecha relación que permite a los países democráticos estabilidad perdurable y mantener el sistema de relevos de los poderes públicos. Pero esa condición tropieza entre nosotros con grandes obstáculos, después de más de dos décadas de restauración constitucional, y es causa del descrédito de los partidos políticos como representaciones de la ciudadanía. Se puede afirmar en ese orden que las organizaciones partidarias han dejado de ser mediadoras entre la ciudadanía y el poder, entrando en un proceso de crisis que las incapacita para el cumplimiento de sus fines institucionales. El Gobierno central es el testimonio más concluyente de esa realidad, pues su base política, inicialmente justicialista, pasó a ser una coalición donde el personalismo conductor no responde a compromiso partidario alguno. El llamado Frente para la Victoria constituye una agrupación nacional de hecho, sin estatutos ni afiliados, cuyo crecimiento ha sido el resultado de una intensa cooptación de sectores diversos que requiere del Presidente esfuerzo constante de atención, donde se confunden el proselitismo y la gestión del poder público. La consecuencia es el fuerte presidencialismo que está excediendo al modelo constitucional, reduciendo no sólo el rol de los ministros del Ejecutivo, sino el del Congreso, donde el oficialismo y sus aliados le han hecho concesiones sin precedentes.
A esa gestión disciplinada de gobierno se suma la singularidad de un diálogo restrictivo del primer mandatario, quien condiciona sus audiencias a un mínimo de coincidencias previas con sus interlocutores. Entre ellas no figuran reuniones periódicas de prensa, como no sea alguna relación ocasional forzada por las circunstancias. Ese estilo de gestión es observado por los colaboradores del doctor Kirchner, cuyos actos y declaraciones se producen mediante un estricto marco de directivas. Pudo pensarse en algún momento que los resultados electorales recientes habrían ampliado los márgenes operativos del gobierno; por lo contrario, en las últimas semanas, algunos hechos han demostrado que no es así. Mención especial merece el proyecto de la senadora Fernández de Kirchner que modifica la composición del Consejo de la Magistratura, fuertemente resistido por sectores académicos, abogados, jueces y ONG. La iniciativa reduce el número de integrantes del organismo, ampliando el poder político gubernamental, pero no ha sido objeto de consultas por su promotora. Otro testimonio de gestión cerrada al diálogo, han sido las reuniones mantenidas en Madrid por el jefe del Gabinete y la ministra de Economía; a la vez, los viajeros suspendían sin aviso invitaciones programadas a empresarios españoles. Igualmente, la celebración del Día del Petróleo en nuestro país careció de funcionarios oficiales por causa de un viejo desacuerdo sobre el descenso de las reservas de hidrocarburos.
Tan hermético estilo de gestión oficial genera no pocas veces contradicciones perturbadoras cuando se trata de problemas fundamentales para el país. Ejemplo de ello fueron las manifestaciones de la ministra de Defensa, Nilda Garré, quien relacionó la futura orientación del sector con la defensa de América del Sur, en coincidencia con la política de Caracas. Entretanto, la Cancillería argentina ponía fin a una delicada gestión en Washington para mejorar relaciones con vistas a la esperada negociación con el FMI.
Paradojalmente esa crisis del diálogo como modalidad de gobierno y las contradictorias relaciones con factores significativos del país y el exterior, no parecen tener en cuenta necesidades de seriedad y transparencia de la política nacional con fines de confianza y largo plazo.

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