Desorden en el subsuelo

Reina una total anarquía en las instalaciones de servicios subterráneos.

15 Diciembre 2005
En nuestra edición de ayer, dedicamos una nota a la situación que presentan las instalaciones subterráneas, de diverso tipo, que existen en esta capital. De acuerdo con la publicación, la enorme cantidad de conductos bajo tierra que constituye una exigencia de los servicios de la ciudad moderna (cañerías de agua, de cloacas y de gas, así como cables de luz y de teléfono), dista de estar colocada con el orden y precisión que correspondería.
Por el contrario, una singular anarquía ha rodeado su implantación, en las diversas épocas en que ella se ejecutó. Al parecer, no se cuenta tampoco con planos lo suficientemente exactos y actualizados acerca de su localización, ni tampoco de la profundidad que tienen. Así, la afirmación de uno de los funcionarios reporteados, de que "no se puede saber lo que se encontrará cuando se rompe una vereda", viene a ser una síntesis, por demás ilustrativa, de la cuestión.
Esto se ha reflejado negativamente en las obras actuales. Ha suscitado dificultades y demoras, por ejemplo, en la colocación de las columnas de los nuevos semáforos. Y es lógico pensar que cada nueva instalación que se proyecte, tendrá el problema de sortear los obstáculos que el referido desorden significa. Como lo informamos, meses atrás se reunieron los concesionarios de servicios públicos con representantes de la Municipalidad, y acordaron un plan de seguridad para evitar la superposición de trabajos y disminuir el índice de interferencias. Tal coordinación sin duda resulta positiva, pero constituye sólo una medida de emergencia.
La realidad de desorden que describimos tiene una larga lista de responsables, en los diversos equipos que rigieron la Municipalidad de Tucumán, a lo largo del siglo que pasó. Nada puede justificar que el principal supervisor del espacio público haya descuidado munirse de la información, precisa y perfectamente actualizada, acerca de toda instalación existente o incorporada al subsuelo de nuestra capital. Se trata de una asombrosa desprolijidad, que ha cooperado fuertemente a amasar un problema de muy negativas consecuencias, tanto para el progreso como para la seguridad de la urbe que habitamos.
Por cierto que, en la circunstancia actual, ya no tendría sentido rastrear culpas anteriores. Lo que interesa es adoptar los recaudos para corregir tanta falta de atención y previsión. Pensamos que la Municipalidad debe encarar, entre sus tareas prioritarias, la de obtener toda la información posible sobre el subsuelo, y cuidar que ella esté disponible y actualizada, como paso previo a cualquier obra pública que se planifique. No puede aceptarse la circunstancia -común, según uno de los expertos que opinaron en nuestra nota- de que el organismo municipal no reclame los planos de los tendidos subterráneos cuando estos se realizan, o que los pierda. Debe existir una repartición específicamente encargada del asunto, y corresponde adoptar eficaces medidas para que ella cumpla celosamente con un cometido de tanta importancia.
Nos estamos refiriendo solamente al caso de los tendidos subterráneos. No debe olvidarse que otro problema, similar en varios aspectos, está representado por los tendidos aéreos. Estos exhiben un cuadro de desorden y de anarquía que está a la vista de cualquiera y que, entre otras cosas, contribuye poderosamente a afear la ciudad. Pero esa realidad, por sus características, es de una solución relativamente menos ardua que la que atañe a las instalaciones del subsuelo.
Hay que encararla, entonces, sin pérdida de tiempo, como lo ha sugerido varias veces este comentario. Las decenas de cables que cruzan el firmamento, o que forman nudos en lo alto de las fachadas, no deben seguir multiplicándose.

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