Los azucareros sienten deseos de dar la cabeza contra la pared. Se dan cuenta de que la realidad les sonríe, pero ellos no pueden aprovechar el momento para mejorar sus ingresos. Históricamente, este período es el esperado durante todo el año para lograr una mejora en los precios del azúcar, porque ya no hay zafra y la oferta tiende a ajustarse por sí misma con la demanda del mercado. Resultado (en otras oportunidades): un precio tonificado, acorde con las expectativas del sector. Pero en esta etapa las cosas son distintas, al menos hasta ahora.
Son varios los aspectos que se conjugaron para generar una posibilidad única, al menos en los últimos años. Aunque en la campaña se logró un récord nacional de producción superior a las 2 millones de toneladas de azúcar, el mercado interno quedó ajustado gracias al esfuerzo de la gran mayoría en la actividad, que exportó un 33% del endulzante elaborado en esta zafra precisamente para evitar caídas en los precios. Según el Centro Azucarero Argentino, hasta fines de este año se habrá enviado al exterior unas 530.000 toneladas de azúcar de esta zafra, y se estima que se exportarán otras 100.000 toneladas más hacia el inicio de la próxima campaña. Este proceso permitió que los valores no bajaran de los $ 0,62 vagón ingenio en plena molienda, y que ahora se ubiquen en torno de los $ 0,75 el kilo (alrededor de U$S 0,24). Para el año próximo, se calcula que la producción podría ser mayor a la de este año (se habla hasta de un 10% superior, debido al buen aporte de lluvias en el cañaveral), y se estima que la exportación rondaría el 35% de lo que se elabore.
En estos días de frenesí inflacionario, cuando todas las miradas apuntan a las góndolas, algunos se preguntan por qué el azúcar no integra la lista de artículos alimentarios de primera necesidad -acordada entre el Gobierno nacional y las grandes cadenas de supermercados-, que deben bajar un 15% sus precios para combatir la inflación. La respuesta es simple: el azúcar no puede bajar su cotización porque el precio del producto debería ser más elevado que el actual; al menos, debería alcanzar $ 0,80 el kilo vagón ingenio, según cálculos apresurados de los operadores. Esto, porque el mercado internacional ofrece condiciones altamente favorables para el sector: debido a un déficit internacional de oferta del producto, los precios del azúcar crudo en posición de marzo rozan los U$S 0,30 el kilo, y el blanco a U$S 0,33, los valores más altos de los últimos 10 años. Entonces, el momento es ideal para exportar, o al menos para equiparar el precio interno con la cotización externa. Y más si se tiene en cuenta que el azúcar blanco en Brasil cotiza a U$S 0,30 el kilo, U$S 6 más que en la Argentina, lo que en sí mismo es toda una rareza.
Lamentablemente, una situación normal, estacional y propia de un mercado absolutamente desregulado no puede ser aprovechada por los azucareros argentinos. Los empresarios temen a las reacciones de los principales funcionarios del Gobierno nacional cuando se producen subas de precios. Los efectos de los ataques de ira del presidente Néstor Kirchner son aumento de las retenciones, bajas en los reintegros o elaboración de listas de precios. Pero los azucareros prefieren no confrontar con el Gobierno -como hacen los representantes de la cadena de la carne-, ni quieren ser apuntados como responsables de la escalada inflacionaria. "No mantenemos ningún tipo de diálogo con las autoridades nacionales", admite un industrial azucarero. Inclusive, hay quienes estiman que si el precio interno del azúcar pudiera trepar a los niveles que lo ubicaría el mercado, una potencial rebaja del 15% sería menos perjudicial que mantenerlo en los actuales valores. Se podría ganar más dinero, pero se miden otras consecuencias, que pueden ser dramáticas en este país.
12 Diciembre 2005 Seguir en 







