Un peso = un dólar, alzas anticompetitivas

Análisis. Por Juan José Llach - Director área de Economía del IAE (Austral)

10 Diciembre 2005
No me volví loco y espero poder convencerlos en esta columna de que, en la Argentina de hoy, el título es verdad. Nuevamente han sido malos los índices de precios al consumidor. La canasta alimentaria, la más preocupante, aumentó 3,3%; el IPC acumula 12% en 12 meses; la inflación núcleo, 13,5%; los alimentos, 15,6% y el costo de la construcción 17,5%. Anualizando el último trimestre, hay índices como el de alimentos que ya superan 20%. Estas malas noticias fueron atenuadas por la casi nula inflación mayorista (0% a 0,2%, según los índices) y por la moderada suba del costo de construcción (0,7%). Como venimos advirtiendo desde hace varios meses, estamos ante un problema serio (junio: “hay que encauzar la puja distributiva”; julio: “hay que tomar en serio la aceleración inflacionaria”).
Ante la falta de claridad del Gobierno sobre las causas, insistimos con nuestro aporte. Dos de las cuatro hipótesis enumeradas en julio pierden posiciones. Por un lado, la de quienes consideraban que todo esto es un normal cambio de precios relativos; sin embargo, la realidad muestra que en el IPC están subiendo bienes y servicios, transables y no transables. También pierde posiciones la hipótesis de inflación de costos, porque en los últimos meses los salarios se desaceleraron y ocurrió lo contrario con la inflación. Las hipótesis más sólidas son la macroeconómica y la cambiaria. La primera, porque la demanda global está creciendo el 12% anual, hay sectores cerca de la capacidad plena y la demanda excedente de no transables va a precios, no a importaciones.

El tipo de cambio

La hipótesis cambiaria actúa por dos vías: la variación del tipo nominal y el nivel del tipo real. Mientras entre enero y agosto el dólar mayorista bajó 3,9%, desde entonces subió 4,8%. Justo cuando la inflación empezó a acelerarse, el BCRA incurrió en este grave error, a contramano de lo que hacen todos los países con flotación cambiaria y metas de inflación. En cuanto al nivel del tipo de cambio real, Buenos Aires es hoy la tercera ciudad más barata del mundo, sobre un total de 144 ciudades (Mercer Human Resources Consulting). Salvo fugas de capitales, la apreciación del peso es inevitable.
Ya con Lavagna, y ratificado el proyecto sin él, el Gobierno ha elegido el camino de apreciar por la peligrosa vía de la aceleración de la inflación. Ella puede conducir a un tipo real de cambio menor que el que resultaría de una inflación de un dígito y una moderada apreciación nominal -a la Chile o Uruguay, no a la Brasil-. Pero además, esta vía gatilla desarrollos institucionales anticompetitivos, como impuestos antiproducción (aumento de retenciones), una puja distributiva exacerbada o intendentes controlando precios, lo que unido a la inflación creciente, reduce la elasticidad de la oferta y realimenta a la larga la inflación. El Gobierno debe entender que la idea de una aceleración inflacionaria reactivante murió hace tiempo.
En cambio, con una moderada apreciación nominal, un fondo anticíclico fuerte y un acuerdo de precios y salarios coordinador de expectativas, se lograría desacelerar rápidamente la inflación y dar lugar a los inevitables aumentos de tarifas, sin afectar más de la cuenta el nivel de actividad y afianzando el crecimiento.



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