La palabra meningitis no sólo inquieta a los padres, que acuden en masa con sus hijos a los CAPS, a los hospitales y a los sanatorios privados. También asusta a los médicos y a las autoridades sanitarias, sometidas en el último mes a un bombardeo de críticas por la forma como se trabajó la epidemia y por la insistencia en decir que no pasaba nada. Temerosos de un aluvión de padres desesperados, los funcionarios prefirieron callar; y cuando la situación los desbordó, se enojaron. Juan Manzur, ministro de Salud, negó ante los legisladores que hubiera crisis: "el brote está controlado", dijo. Y el miércoles manifestó que los medios no tuvieron objetividad en la información y que por eso la población reaccionó con alarma.
Con ello, Manzur sugirió que hay una crisis sanitaria ficticia, inventada, voluntaria o involuntariamente, por alguien (los medios, la oposición, la Sociedad de Pediatría...). Los especialistas Emilio Buabse y Elsa Moreno lo acompañaron en la descalificación a la Sociedad de Pediatría y en la idea de que había una intencionalidad política de los médicos que la integran.
La inquietud también sacudió a las autoridades del Hospital de Niños, que trataron de desmentir a su propio jefe de guardia, Víctor Drube, con la aparente idea de llevar a la población la sensación de que la epidemia disminuye. Ayer, el mismo subsecretario de Salud, Fernando Avellaneda, reconoció que con 629 casos aún no se puede hablar de que se haya llegado a una meseta que permita avizorar el descenso de la epidemia. Avellaneda, más tranquilo que la directora del Hospital de Niños y que el ministro de Salud, remarcó que la meningitis viral que hoy asusta a todo el mundo es benigna y que el equipo de epidemiología que vino de la Nación para chequear la forma en que se está manejando la crisis, no hizo objeciones. Claro que desde hace dos años la Nación lo único que hace es alabar la gestión de Salud en Tucumán.
Hasta ahora, nada de lo que se hizo sirvió para bajar la inquietud de la gente frente a la palabra meningitis, y de poco le sirve al ministro Manzur culpar a la prensa de la alarma, puesto que no sólo la Sociedad de Pediatría, sino figuras reconocidas, como el médico Lorenzo Marcos (que dirigió el Hospital de Niños durante la crisis de la desnutrición, en tiempos de Julio Miranda), criticaron el hecho de que no se haya realizado una campaña intensa y de que no se hayan cerrado las escuelas ante la epidemia, que hace un mes saltó de la periferia empobrecida para trasladarse a la ciudad y a los estratos sociales más altos.
¿Se podía haber previsto y evitado la crisis? Manzur dice que no, puesto que se trata de un ciclo que se reinicia cada ocho o 10 años. Los médicos críticos sostienen que las autoridades equivocaron el diagnóstico, porque no advirtieron que las enfermedades infecciosas que padecen nuestros chicos son las que afectan a niños de países tropicales y llenos de pobreza. De hecho, anunciar tras el fin de las clases que se desinfectará los tanques de agua de las escuelas es por lo menos una señal de que las áreas Salud y Educación no se entendieron. Otra muestra de esto fue caer, sin ruborizarse, en la contradicción de afirmar que los chicos afectados deben estar aislados de los niños sanos, pocos días después de que el mismo gobernador dijo que se habían mantenido las clases para que las maestras detectaran a los afectados.
La meningitis asusta no sólo a los padres, sino también a los funcionarios. Pero los primeros tienen razones para estar también enojados, porque creen, con bastante razón, que el problema se podría haber evitado en muchos casos. El susto de los funcionarios, en cambio, sólo tiene que ver con un egoísta problema de imagen. Les ha ido tan bien con el aluvión de dinero y obras de los últimos dos años, que no pueden digerir que una enfermedad de la pobreza los haya puesto en jaque.
09 Diciembre 2005 Seguir en 







