08 Diciembre 2005 Seguir en 
Según la Real Academia, "paradoja" es toda aserción inverosímil o absurda que se presenta con apariencias de verdadera. El mundo rebosa en ellas. Una no muy conocida, vinculada al lenguaje, refiere las expediciones inglesas en Australia, a fines del siglo XVIII. La leyenda pretende que el capitán Cook preguntó a los nativos el nombre de unos gigantescos roedores que se trasladaban dando grandes saltos. Los aborígenes, guiándose por sus señas -no sabían inglés-, contestaban "canguru". Por ello, el marino y su botanista, sir Joseph Banks, usaron "kangaroo" para referirse a ellos, los canguros. Tiempo después se determinó que con la expresión "kan ghu ru" los nativos querían decir "no le entiendo".
La exploración del subtrópico, en plena temporada de reforma constitucional, arroja para los tucumanos situaciones no tan exóticas, pero no por ello menos complejas. "Que bueno sería que quien necesite atención médica sea atendido por ley en forma inmediata", reza uno de los afiches con los que el Gobierno publicita las pretendidas bondades de cambiar la Carta Magna. Sin embargo, en el auge de las epidemias de meningitis y de varicela, el ministro de Salud Pública, Juan Manzur, no está. O mejor dicho, está pero no como funcionario, sino como candidato a constituyente. Es decir, el hombre que se postula para plasmar en la nueva Constitución la mencionada propuesta oficial, no trabaja por el momento como responsable de las políticas de salud. Por ahora, está en campaña proselitista.
La demagogia del mensaje oficial atenta contra todo debate sobre el futuro de la Ley de Leyes. Sólo falta un cartel invitando a soñar con prohibir la inflación. En cambio, no apareció el que esperaban los escolares y sus padres. Uno que dijera, por ejemplo: "que lindo sería que el Gobierno no exponga a los niños a un brote infeccioso a cambio de la palmadita nacional por haber conseguido 180 días de clases".
Precisamente, son las actitudes oficiales las que enturbian el horizonte reformista. En la antesala constituyente, buena parte de los intendentes que se postulan como convencionales incumplen la ley. Se autootorgan las obligadas licencias, pero siguen ocupando despachos e inaugurando obras. Otra paradoja local: van a cambiar el digesto que sustenta toda la estructura normativa de la provincia los mismos que no ocultan su desprecio por la ley.
Bien americano
El escritor uruguayo Eduardo Galeano reniega porque se llama "indios" a los aborígenes que no nacieron en la India sino en América. También de aquí y no de Turquía - recuerda-, son oriundos el pavo y el maíz. Pero los ingleses llaman "turkey" a esa ave, y los italianos denominan "granoturco" a la gramínea.
En Tucumán, la posibilidad de que el Gobierno pague, para las internas, los sellos de los partidos que deben enfrentarlo en febrero (sólo el MP3 rechazó esa chance), también plantea un problema nominal. El de cómo designar a quienes se presentan como "opositores". Porque competir contra el Gobierno con el dinero del Gobierno da lugar, cuanto menos, a muchas dudas.
Se agota el margen para saltar del tren que legitima la reforma oficial. Para los "opositores" que sigan en carrera, la próxima parada puede ser la incoherencia. Hacia allí se encamina también la decisión oficial de que el nuevo texto constitucional sea redactado por juristas que ni siquiera son tucumanos. En este anuncio se reactualiza la discusión respecto de si los constituyentes serán o no soberanos. Porque si los reformistas sólo irán a consumar la sanción de un texto que ellos no escribieron, no se discuten soberanías sino el margen para violar la ley limita el cambio.
Trabajar para ser electo constituyente, mientras otro produce el digesto, se equipara a la situación con la que se topó en Ghana, en 1998, el periodista Richard Swift. Allí, maravilló con unas barritas de chocolate a los cultivadores del cacao que Suiza compra a bajo precio: ellos nunca lo habían probado. El azote de esa paradoja es que a esos ghaneses pobres, el chocolate les encantó.
La exploración del subtrópico, en plena temporada de reforma constitucional, arroja para los tucumanos situaciones no tan exóticas, pero no por ello menos complejas. "Que bueno sería que quien necesite atención médica sea atendido por ley en forma inmediata", reza uno de los afiches con los que el Gobierno publicita las pretendidas bondades de cambiar la Carta Magna. Sin embargo, en el auge de las epidemias de meningitis y de varicela, el ministro de Salud Pública, Juan Manzur, no está. O mejor dicho, está pero no como funcionario, sino como candidato a constituyente. Es decir, el hombre que se postula para plasmar en la nueva Constitución la mencionada propuesta oficial, no trabaja por el momento como responsable de las políticas de salud. Por ahora, está en campaña proselitista.
La demagogia del mensaje oficial atenta contra todo debate sobre el futuro de la Ley de Leyes. Sólo falta un cartel invitando a soñar con prohibir la inflación. En cambio, no apareció el que esperaban los escolares y sus padres. Uno que dijera, por ejemplo: "que lindo sería que el Gobierno no exponga a los niños a un brote infeccioso a cambio de la palmadita nacional por haber conseguido 180 días de clases".
Precisamente, son las actitudes oficiales las que enturbian el horizonte reformista. En la antesala constituyente, buena parte de los intendentes que se postulan como convencionales incumplen la ley. Se autootorgan las obligadas licencias, pero siguen ocupando despachos e inaugurando obras. Otra paradoja local: van a cambiar el digesto que sustenta toda la estructura normativa de la provincia los mismos que no ocultan su desprecio por la ley.
Bien americano
El escritor uruguayo Eduardo Galeano reniega porque se llama "indios" a los aborígenes que no nacieron en la India sino en América. También de aquí y no de Turquía - recuerda-, son oriundos el pavo y el maíz. Pero los ingleses llaman "turkey" a esa ave, y los italianos denominan "granoturco" a la gramínea.
En Tucumán, la posibilidad de que el Gobierno pague, para las internas, los sellos de los partidos que deben enfrentarlo en febrero (sólo el MP3 rechazó esa chance), también plantea un problema nominal. El de cómo designar a quienes se presentan como "opositores". Porque competir contra el Gobierno con el dinero del Gobierno da lugar, cuanto menos, a muchas dudas.
Se agota el margen para saltar del tren que legitima la reforma oficial. Para los "opositores" que sigan en carrera, la próxima parada puede ser la incoherencia. Hacia allí se encamina también la decisión oficial de que el nuevo texto constitucional sea redactado por juristas que ni siquiera son tucumanos. En este anuncio se reactualiza la discusión respecto de si los constituyentes serán o no soberanos. Porque si los reformistas sólo irán a consumar la sanción de un texto que ellos no escribieron, no se discuten soberanías sino el margen para violar la ley limita el cambio.
Trabajar para ser electo constituyente, mientras otro produce el digesto, se equipara a la situación con la que se topó en Ghana, en 1998, el periodista Richard Swift. Allí, maravilló con unas barritas de chocolate a los cultivadores del cacao que Suiza compra a bajo precio: ellos nunca lo habían probado. El azote de esa paradoja es que a esos ghaneses pobres, el chocolate les encantó.







