06 Diciembre 2005 Seguir en 
El tenor del grupo de proyectos culturales que esperan su sanción legislativa antes de fin de año indica que en el sector político hay conciencia de que la cultura ya no es solamente, como se sostuvo durante siglos, la belleza estética para ser disfrutada por unos pocos, sino el potencial expresivo y productivo de una comunidad.
En ese "combo", que está en la Legislatura, se incluye la creación de un fondo Editorial Provincial (Del Aconquija) y la de un sello discográfico, impulsado este último por el legislador, abogado y también cantante Pedro Stordeur. Las iniciativas, impulsadas desde la comisión de Educación y Cultura, que preside Olijela Rivas, no son aisladas: en esa propuesta marco también cabe el proyecto de Ernesto Padilla y de Marta Zurita de recuperación de las desprovistas bibliotecas populares, cuyos pobres patrimonios o colecciones son rapiñados a cuentagotas, cuando no están cerradas por falta de personal que las atienda.
La propuesta de un fondo Editorial, como está planteada, no sólo permitiría editar a autores tucumanos, sino que -tan importante como lo primero- le permitirá a la Provincia estrenar su demorado catálogo autoral. Con el sello discográfico pasa otro tanto. Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, el eje del éxito de las iniciativas residirá no tanto en garantizar la edición del material (proceso hoy facilitado por las nuevas tecnologías) sino el diseño y sostenimiento de una cadena de promoción, de distribución y de comercialización eficaz y operativa. En ese sentido vale mirar hacia la experiencia editorial de la UNT. Si bien es "la" gran productora de libros de Tucumán, no ha logrado garantizar ese aspecto estratégico del proceso de consumos culturales que es la adecuada difusión del material edito.
Párrafo aparte merece el impulso dado a la idea de expropiar el cine Teatro Plaza, con el objetivo de recuperar ese edificio "hito", tanto por su entidad constructiva como por su peso simbólico-cultural para Tucumán. La idea inicial arrancó cuando desde el Poder Ejecutivo de la Provincia se le ofreció al secretario del área, Mauricio Guzman, la posibilidad de explotar el edificio abandonado, que había pertenecido a un supermercado de dueños tucumanos, en Muñecas al 500.
Pero desde la Casa de la Cultura decidieron redoblar la apuesta, y apuntaron al edificio en el que el invitador cartel "Pare de sufrir" y la oferta del milagroso "manto de la descarga" no logran opacar la marca que le impuso el prestigioso arquitecto Alberto Prebisch en 1944, y que hoy (por un alquiler mensual estimado en 10.000 dólares) es sede del grupo evangélico Iglesia Universal del Reino de Dios. La iniciativa fue asumida como propia por la legisladora Rivas, y se está cocinando a fuego lento. Por lo pronto, en la Legislatura opinan que habría que declarar al edificio como de utilidad pública como paso previo al trámite de expropiación, pero no sin antes conocer si la Provincia puede pagar el costo de esa construcción estratégica.
Otro tema pendiente en lo que a la gestión de políticas culturales se refiere, es la creación del Ente Tucumán Cultura, síntesis de sendos proyectos, impulsados el uno por Olijela Rivas y José Cúneo Vergés, y el otro por los radicales José Cano, Jorge Mendía y Juan Robles. El esquema propuesto para el órgano que regiría la administración cultural de Tucumán muestra similitudes con el Ente Tucumán Turismo: sumado al presidente, al vice y a los directores de áreas, se incorpora la figura de un Consejo Asesor, con representantes de la Legislatura, de la Secretaría de Educación y de Turismo. Detrás de ese diseño se intuye un concepto de gestión que, como se dijo, remonta la visión esteticista, y apuesta a una industria cultural que permita construir, con códigos propios del siglo XXI, una nueva "marca Tucumán".
En ese "combo", que está en la Legislatura, se incluye la creación de un fondo Editorial Provincial (Del Aconquija) y la de un sello discográfico, impulsado este último por el legislador, abogado y también cantante Pedro Stordeur. Las iniciativas, impulsadas desde la comisión de Educación y Cultura, que preside Olijela Rivas, no son aisladas: en esa propuesta marco también cabe el proyecto de Ernesto Padilla y de Marta Zurita de recuperación de las desprovistas bibliotecas populares, cuyos pobres patrimonios o colecciones son rapiñados a cuentagotas, cuando no están cerradas por falta de personal que las atienda.
La propuesta de un fondo Editorial, como está planteada, no sólo permitiría editar a autores tucumanos, sino que -tan importante como lo primero- le permitirá a la Provincia estrenar su demorado catálogo autoral. Con el sello discográfico pasa otro tanto. Sin embargo, tanto en uno como en otro caso, el eje del éxito de las iniciativas residirá no tanto en garantizar la edición del material (proceso hoy facilitado por las nuevas tecnologías) sino el diseño y sostenimiento de una cadena de promoción, de distribución y de comercialización eficaz y operativa. En ese sentido vale mirar hacia la experiencia editorial de la UNT. Si bien es "la" gran productora de libros de Tucumán, no ha logrado garantizar ese aspecto estratégico del proceso de consumos culturales que es la adecuada difusión del material edito.
Párrafo aparte merece el impulso dado a la idea de expropiar el cine Teatro Plaza, con el objetivo de recuperar ese edificio "hito", tanto por su entidad constructiva como por su peso simbólico-cultural para Tucumán. La idea inicial arrancó cuando desde el Poder Ejecutivo de la Provincia se le ofreció al secretario del área, Mauricio Guzman, la posibilidad de explotar el edificio abandonado, que había pertenecido a un supermercado de dueños tucumanos, en Muñecas al 500.
Pero desde la Casa de la Cultura decidieron redoblar la apuesta, y apuntaron al edificio en el que el invitador cartel "Pare de sufrir" y la oferta del milagroso "manto de la descarga" no logran opacar la marca que le impuso el prestigioso arquitecto Alberto Prebisch en 1944, y que hoy (por un alquiler mensual estimado en 10.000 dólares) es sede del grupo evangélico Iglesia Universal del Reino de Dios. La iniciativa fue asumida como propia por la legisladora Rivas, y se está cocinando a fuego lento. Por lo pronto, en la Legislatura opinan que habría que declarar al edificio como de utilidad pública como paso previo al trámite de expropiación, pero no sin antes conocer si la Provincia puede pagar el costo de esa construcción estratégica.
Otro tema pendiente en lo que a la gestión de políticas culturales se refiere, es la creación del Ente Tucumán Cultura, síntesis de sendos proyectos, impulsados el uno por Olijela Rivas y José Cúneo Vergés, y el otro por los radicales José Cano, Jorge Mendía y Juan Robles. El esquema propuesto para el órgano que regiría la administración cultural de Tucumán muestra similitudes con el Ente Tucumán Turismo: sumado al presidente, al vice y a los directores de áreas, se incorpora la figura de un Consejo Asesor, con representantes de la Legislatura, de la Secretaría de Educación y de Turismo. Detrás de ese diseño se intuye un concepto de gestión que, como se dijo, remonta la visión esteticista, y apuesta a una industria cultural que permita construir, con códigos propios del siglo XXI, una nueva "marca Tucumán".







