Del vilipendio a las sonrisas

Por Angel Anaya. Una rápido cambio en la relación entre el Gobierno y los supermercadistas.

03 Diciembre 2005

BUENOS AIRES.- Como una tromba y en tan sólo unas horas, el poder pasó del vilipendio a las sonrisas con los supermercadistas. Ahora, afanosamente, la ministra Felisa Miceli y los empresarios procuran precisar los términos del acuerdo de precios, a conciencia de que se trata de un armisticio con la inflación, y en la certeza de que el director de orquesta es Kirchner. Al menos, será un veranito tranquilo, y después se sabrá si se trata de otra experiencia más en que el cortoplacismo intentó derrotar a la economía. Pero detrás de la cortina del nuevo escenario, ni el Presidente ni su ministra ni nadie con los ojos bien abiertos ignoran que el grave problema inflacionario surge de la falta de oferta y no del aumento de la demanda.
Se trata de la vieja historia del mercado, donde la competencia no funciona razonablemente si ambas no se equilibran. Lo que hace falta para ello, son inversiones, temática ya aburrida pero ineludible que perdurará mientras el poder mantenga un discurso contradictorio y desde el exterior se siga viendo al país como un negocio inseguro. El ejemplo del Salón Blanco al momento de jurar los nuevos ministros -a propósito del cual el secretario de Medios no se explicaba la singular nómina masiva de invitados- era más el de un escenario de festejos, sin excluir agravios, que el de una ceremonia institucional con tradición centenaria.
De todas maneras, cualesquiera que sean las reservas que se expresen sobre la supeditación de Miceli al Presidente y al ministro Julio De Vido, es importante advertir que se trata de una personalidad muy negociadora y con gran capacidad de convicción, según el propio Roberto Lavagna sostiene. No es, en cambio, sensato sostener que la línea del ex ministro de Economía se mantendrá en el Palacio de Hacienda, como algunos hombres de negocio están diciendo para agradar a Kirchner, aun a sabiendas de que no será así. La ministra ha dejado un buen recuerdo profesional en el Banco de la Nación y con ese seguro llega a la nueva misión. No es el caso de Nilda Garré en Defensa, con una trayectoria pública muy plural pero alejada de los temas que la esperan y de sus ámbitos, como no sea la adversidad de los años de plomo. ¿Qué pretendió Kirchner con esa designación? es la pregunta del millón. Las declaraciones hasta el momento de la ministra castrense son escasas y reiteradas; apuntan invariablemente a una reestructuración militar sin que precisen de qué tipo. También aquí, por supuesto, será el Presidente el gerente indiscutido, sin las discretas autonomías del ex ministro José Pampuro. (De nuestra Sucursal)

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