Espíritu corporativo

Por Fernando García Soto. Se impone que los azucareros actúen en conjunto.

21 Noviembre 2005

El cierre de la zafra 2005 en Tucumán tuvo mucha menos prensa que el de temporadas anteriores -pese a que esta campaña podría pasar a la historia como "la de los récords"-, tal vez porque no fue tan conflictivo como el de otras. No se trató de un año perfecto, pero la actividad azucarera mostró orden frente a un gran desafío: la necesidad de exportar un tercio de la producción para sostener un cierto equilibrio entre la oferta y la demanda en el mercado interno. Este propósito se cumplió en buena medida, y prueba de ello es que los precios no se desplomaron durante la zafra, pese a que hay operadores y analistas que aseguran que se podría haber aspirado a valores superiores a los que se obtuvo durante la mayor parte de la molienda.
Quedó claro que no todos exportaron el 33% de lo producido, como establecía el programa de retiro de excedentes del mercado al que se adhirió la mayoría, pero en el balance final se puede considerar que el plan resultó todo un éxito. De todas formas, el sector mantiene un stock permanente de más de 100.000 toneladas de azúcar -de arrastre de zafras anteriores- que pesan bastante en los precios. Hoy los valores se ubican por encima de los 75 centavos por kilo vagón ingenio, pero durante toda la campaña el azúcar se vendió a un promedio de 63 centavos, según los comercializadores.
Si se suma el azúcar que se exportó y lo que resta exportar hasta el inicio de la próxima zafra, más el tercio de la producción total que se vendió al mercado interno a precios razonables (pero no para destacar), quedaría un tercio de la producción nacional de azúcar -unas 670.000 toneladas, sobre casi 2,04 millones de toneladas elaboradas entre todos los ingenios del país-, que tendría que venderse a valores supuestamente muy rentables, de alrededor de 80 centavos por kilo vagón ingenio. Pero los industriales son cautos a la hora de referirse a las posibles mejoras en los precios. Si bien el azúcar fue uno de los pocos productos que no contribuyó de manera significativa al incremento de la inflación, una suba estacional -como sucede cada vez que termina la zafra- podría ser mal interpretado por un Gobierno nacional demasiado sensible a las variaciones de los precios de los productos de la canasta básica. Y si no, que lo digan los productores de alimentos que se exportan, a los que se les eliminaron los reintegros (entre ellos, la carne, a la que además se le subieron las retenciones). Muchos azucareros sienten que hicieron un gran esfuerzo con la exportación, dado que no es lo mismo vender al exterior ahora que en 2002 -año de la salida de la convertibilidad- cuando la incidencia de los salarios y de los servicios en los costos finales era mínima. Hoy todo es más caro, y se siente. Y provoca la tentación de querer colocar todo el azúcar en el mercado interno.
El malestar por la carga fiscal que afecta a la actividad crece e irrita a los azucareros, que sienten que los políticos que ocupan las cargos más altos del país y de la Provincia no están haciendo una lectura adecuada de la realidad. Frente a la disposición de establecer alícuota cero en el impuesto a la Salud Pública para favorecer a las textiles que cuenten con más de 1.300 empleados, los empresarios directamente sienten que en el Gobierno les están tomando el pelo: la medida se adecua sólo a Alpargatas.
Pero más allá de estos disgustos cotidianos y de las diferencias que surgen a diario entre los industriales azucareros, todos saben que a la hora de actuar sólo vale el espíritu corporativo empresario. En un clima de desunión y de posiciones enfrentadas entre líderes resultará poco probable que se pueda encarar con éxito una campaña como la del año próximo, cuando habrá que volver a poner en marcha un plan consensuado para mantener el mercado del azúcar en equilibrio.

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