21 Noviembre 2005 Seguir en 
El jueves último dedicamos un editorial a "La lluvia y sus problemas". Hacíamos notar allí, entre otras cosas, la necesidad de tomar decisiones políticas y presupuestarias respecto de la renovación de la vetusta red de desagües pluviales de nuestra ciudad capital.
Señalábamos, también, la urgencia de una acción preventiva acerca de la caída de árboles en las calles, que se ha hecho tan frecuente. Todo ello, a propósito de los pronósticos de fuertes tormentas para finales de noviembre del año que transcurre.
El mismo día de nuestro comentario, como informamos, se desencadenó otra severa tormenta, que causó una serie de daños significativos en zonas del este tucumano. Más de cien familias evacuadas, localidades enteras inundadas, rutas cortadas, canales desbordados, entre otros destrozos, fueron el saldo del meteoro.
En declaraciones a nuestros periodistas, varios vecinos de Villa Tercera, uno de los puntos más afectados, manifestaron que buena parte del desastre se debía a la inacción de la comuna, que no realiza tareas de limpieza en las acequias ni en el canal. Pobladores de Los Ralos, La Florida y Finca Mayo se quejaron por la falta de asistencia de las autoridades, y en varios establecimientos educativos debieron suspenderse las clases.
La tormenta tuvo también repercusiones en nuestra ciudad. En el local de la Escuela de Danzas de la Provincia, se produjeron caídas de cielos rasos y anegamientos de las aulas, con la consiguiente interrupción de clases. También sufrió las consecuencias de la lluvia la sede de la Fiscalía de Instrucción que funciona en el ex Comando, situación que determinó el corte de la energía eléctrica y que quedaran fuera de servicio varias computadoras.
Todo esto va mostrando, por si hiciera falta, lo poco preparados que estamos para enfrentar la furia de la naturaleza. No puede decirse que Tucumán carezca de experiencia respecto de las fuertes tormentas; por el contrario, ellas son una característica de su época estival. Habría sido lógico esperar que cuando se acerca este tramo del año las autoridades comunales tomarían las medidas necesarias para evitar que las lluvias causen más daños de los inevitables. Al parecer, no ocurre así. Cada vez que se producen tormentas fuertes, la queja de los afectados apunta a la ausencia de criterio preventivo por parte de los organismos de gobierno.
Es obvio decir que situaciones de esta índole no debieran repetirse. Las municipalidades y las comunas tendrían que haber estructurado ya los sistemas protectivos correspondientes. La limpieza de acequias y canales parece algo elemental, en tal orden de ideas, como también la de evitar los asentamientos en las zonas bajas, que son siempre las más afectadas. La construcción de adecuadas defensas en los cursos de agua constituye también una fuerte prioridad. Por cierto es que estas y otras medidas deben tomarse antes de la época de lluvias para ser realmente eficaces. Esto en cuanto a la campaña.
En la ciudad, los casos apuntados de la Escuela de Danzas y de la Fiscalía muestran la necesidad de que el poder público tenga sus edificios en condiciones. No puede admitirse que en una provincia donde llueve tanto y con tanta violencia, como la nuestra, existan techos en malas condiciones o desagües obstruidos en locales del Estado. Es evidente que los organismos respectivos deben efectuar las tareas de mantenimiento imprescindibles en este orden, de acuerdo con una programación que tiene que desarrollarse, repetimos, en las estaciones secas. Sólo de esa manera se evitarán situaciones de riesgo y daño como las que con tanta frecuencia acaecen.
Señalábamos, también, la urgencia de una acción preventiva acerca de la caída de árboles en las calles, que se ha hecho tan frecuente. Todo ello, a propósito de los pronósticos de fuertes tormentas para finales de noviembre del año que transcurre.
El mismo día de nuestro comentario, como informamos, se desencadenó otra severa tormenta, que causó una serie de daños significativos en zonas del este tucumano. Más de cien familias evacuadas, localidades enteras inundadas, rutas cortadas, canales desbordados, entre otros destrozos, fueron el saldo del meteoro.
En declaraciones a nuestros periodistas, varios vecinos de Villa Tercera, uno de los puntos más afectados, manifestaron que buena parte del desastre se debía a la inacción de la comuna, que no realiza tareas de limpieza en las acequias ni en el canal. Pobladores de Los Ralos, La Florida y Finca Mayo se quejaron por la falta de asistencia de las autoridades, y en varios establecimientos educativos debieron suspenderse las clases.
La tormenta tuvo también repercusiones en nuestra ciudad. En el local de la Escuela de Danzas de la Provincia, se produjeron caídas de cielos rasos y anegamientos de las aulas, con la consiguiente interrupción de clases. También sufrió las consecuencias de la lluvia la sede de la Fiscalía de Instrucción que funciona en el ex Comando, situación que determinó el corte de la energía eléctrica y que quedaran fuera de servicio varias computadoras.
Todo esto va mostrando, por si hiciera falta, lo poco preparados que estamos para enfrentar la furia de la naturaleza. No puede decirse que Tucumán carezca de experiencia respecto de las fuertes tormentas; por el contrario, ellas son una característica de su época estival. Habría sido lógico esperar que cuando se acerca este tramo del año las autoridades comunales tomarían las medidas necesarias para evitar que las lluvias causen más daños de los inevitables. Al parecer, no ocurre así. Cada vez que se producen tormentas fuertes, la queja de los afectados apunta a la ausencia de criterio preventivo por parte de los organismos de gobierno.
Es obvio decir que situaciones de esta índole no debieran repetirse. Las municipalidades y las comunas tendrían que haber estructurado ya los sistemas protectivos correspondientes. La limpieza de acequias y canales parece algo elemental, en tal orden de ideas, como también la de evitar los asentamientos en las zonas bajas, que son siempre las más afectadas. La construcción de adecuadas defensas en los cursos de agua constituye también una fuerte prioridad. Por cierto es que estas y otras medidas deben tomarse antes de la época de lluvias para ser realmente eficaces. Esto en cuanto a la campaña.
En la ciudad, los casos apuntados de la Escuela de Danzas y de la Fiscalía muestran la necesidad de que el poder público tenga sus edificios en condiciones. No puede admitirse que en una provincia donde llueve tanto y con tanta violencia, como la nuestra, existan techos en malas condiciones o desagües obstruidos en locales del Estado. Es evidente que los organismos respectivos deben efectuar las tareas de mantenimiento imprescindibles en este orden, de acuerdo con una programación que tiene que desarrollarse, repetimos, en las estaciones secas. Sólo de esa manera se evitarán situaciones de riesgo y daño como las que con tanta frecuencia acaecen.






