Los últimos aumentos de precios registrados en Tucumán no son más que un indicio de lo que se vendrá para las próximas fiestas de fin de año y, con mayor fuerza, durante 2006. Si uno hace la gimnasia de realizar un balance mensual, en la mayoría de los casos, o semanal, se dará cuenta de que, aunque levemente, los valores de los alimentos varían hacia el alza. Y que cada vez es más difícil salir de un local comercial con el carrito lleno o con bolsas en ambas manos.
Los acuerdos entre el Estado y los formadores de precios no están dando los resultados esperados por el Gobierno. El valor de la carne se dispara; lo mismo sucederá con el pollo, el cerdo o las frutas, productos muy usados en la canasta navideña. La tendencia la marca la evolución de los precios entre enero y setiembre, y se corrobora con las expectativas inflacionarias de los consumidores.
Por más que el Poder Ejecutivo quiera alentar el consumo con una inyección millonaria en el circuito comercial, concentrada en diciembre, la inflación va consumiendo los bolsillos de los tucumanos. La medición del costo de vida de octubre se demora. Un poco, tal vez, por el argumento oficial de consensuar un índice nacional de precios al consumidor y otro tanto por cierto temor a mostrar cifras que demuestren que el costo de vida está en ascenso y que no se ha sido capaz de contenerlo.
Después de las elecciones de octubre, el escenario económico en el país es otro. Los comicios resultaron ser un velo que, de a poco, se está corriendo y va mostrando el panorama que se vivirá en la Argentina, versión 2006.
Cada vez son más fuertes los reclamos de las empresas públicas privatizadas que terminarán, el año entrante, con un reajuste en las tarifas de la luz, el gas o el agua, por mencionar algunos servicios. Hoy por hoy, los $ 883 que, según las estadísticas, necesita mensualmente una familia tipo para no caer en la pobreza son insuficientes para cubrir los gastos alimentarios y de servicios (educación, salud, transporte). No se puede pensar en comprar artículos suntuarios -sino a largo plazo y financiados- ni en salir a pasear, con todo el gasto adicional que ello implica.
La inflación no favorece al común de los argentinos. Pero quizás el Estado encuentre un argumento, en el costo de vida, para incrementar los gastos previstos en el presupuesto. Por de pronto, en la Cámara de Diputados de la Nación ya establecieron parámetros que posibiliten la suba de las partidas del gasto público. El mismo escenario se observó esta semana en Tucumán. Durante la reunión entre funcionarios del Ministerio de Economía y algunos legisladores de la comisión de Hacienda y Presupuesto poco se habló respecto de cómo se orientará el uso del dinero público en 2006. A menos de un mes de su ingreso al recinto, el proyecto oficial, que prevé erogaciones por $ 2.789 millones -un 37% más que el presupuesto original de este año- podría sufrir algunos reajustes. El límite para el incremento de partidas estará dado por la sumatoria de la pauta de crecimiento de la economía y por la inflación prevista para el próximo ejercicio. Así las cosas, no es descabellado pensar que al cálculo inicial de gastos se sume un aumento del 13%, que sería equivalente a $ 363 millones. El tema de fondo será establecer adónde irá a parar esa plata. Se piensa en dar mayores recursos a los municipios o reformular el rubro obras públicas.
Frente a un panorama de inflación creciente, las conductas de cada actor serán fundamentales para combatir la suba de precios. El Estado no debe tentarse a gastar ni dilapidar sus ahorros; los comerciantes tendrían que moderar sus expectativas de salvar el año "con el veranito" de las ventas de diciembre y los consumidores deberán estar atentos a los precios y no hacerles el caldo gordo a los especuladores.
19 Noviembre 2005 Seguir en 






