Legítimamente nada

Por v Alvaro José Aurane. Oficialistas, opositores y 11 modelos de provincia.

17 Noviembre 2005

Reformar una constitución es, entre otras cosas, plantear un nuevo modelo de Estado. Al menos, eso debería ser.
Especialmente en el caso de Tucumán, donde la convención que confeccionará el nuevo texto está facultada para alterar el 80% de la Carta Magna del 90. Pero el escenario actual está lejos de ese propósito. De hecho, la provincia está sumergida en un proceso preelectoral que de ninguna manera puede considerarse preconstituyente. Y este prodigio de situación es obra tanto del oficialismo como de la oposición.
Para comprenderlo basta con mirar el elenco de agrupaciones que se presentarán en las internas del 18 de diciembre, con la aspiración de competir en los comicios del 19 de febrero. Participarán -tras el quiebre del nonato Frente Cívico por Tucumán- 11 fuerzas, cada una con su propuesta. Y entonces es inevitable advertir que pocas cosas son tan subtropicales como la idea de que hay 11 modelos posibles de provincia. La oposición reedita, así, el esquema del 23 de octubre: el oficialismo está unido, y al frente hay una decena de fuerzas para repartirse los votos no alperovichistas. O, a la luz de lo ocurrido hace 20 días, para licuar los votos opositores y convertirlos en nada. Legítimamente nada. El agravante, en este caso, es que no estarán en juego bancas parlamentarias, sino la suerte misma de la provincia. Los de febrero no son comicios para plebiscitar gestiones o consolidar opositores, porque una Constitución es antónimo de coyuntura. Al menos, eso debiera ser. Dicho de otro modo: la historia reciente de la Argentina -y la de sus provincias- demuestra que en las reformas, a veces, hay más de un ganador. Y confirma que, cuando hay un solo derrotado, ese es siempre Juan Pueblo.
El Gobierno, sin embargo, encara este proceso de manera puramente electoralista, porque, en definitiva, su único y excluyente interés en el cambio constitucional es también de raíz electoralista. Lo único que quiere, contra toda ética, es habilitar para sí mismo la reelección consecutiva. Entonces, no le importa fijar una fecha en la que una porción importante de la población no estará en la provincia para votar. Menos aún le afecta que no haya tiempo para un debate preconstituyente serio y abarcativo. Para el caso, a las listas de convencionales del peronismo -atendiendo a lo anticipado ayer por LA GACETA- no las encabezarían letrados. Es claro que pretender que sólo los constitucionalistas estén capacitados para efectuar estas reformas es caer en una posición extrema. De la misma manera que el hecho de que a la cabeza de las nóminas de las tres secciones no se coloque ni a un solo abogado, es caer en el otro polo. La conclusión es que la frase "queremos la mejor Constitución para Tucumán" es otro eslogan hueco de los tantos que se escuchan desde 1983.
La oposición no hace mejor papel. Van, por separado, partidos que tienen mucha afinidad ideológica y que podrían haber formado coaliciones exitosas, tanto por la izquierda y por el centro como por la derecha. En la mayoría de los casos, las negociaciones fracasaron no por diferencias respecto de un modelo de Constitución, sino por los lugares en las listas de candidatos. Otra vez, los comicios de constituyentes son vistos como una elección más.
El caso emblemático es el papelón de la UCR, Recrear y Ciudadanos Independientes. Tratar de distinguir los niveles de responsabilidad de cada partido en este nuevo fracaso opositor equivale a discutir cómo ubicar a estas agrupaciones en el podio de la decepción consuetudinaria. En cualquier caso, hay medallas para los tres. Las entrega la Secretaría General de la Gobernación. Y, como decorado, habrá una foto de algunos dirigentes (los viejos conocidos de siempre) planteando internas mortales en tres fuerzas que, en conjunto, no sumaron ni 50.000 votos el 23 de octubre.
En medio de tanta patética miserabilidad, para decirlo en los términos de Hipólito Yrigoyen, ya se advierte cuál será la lectura de los egregios opositores. ¿Cuál será el reto que le plantearán al Frente para la Victoria?: si el Gobierno no consigue los 40 escaños, el resultado será un revés para el oficialismo.

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