La lluvia y sus problemas

Sobre los daños que puede suscitar una tormenta existe una aleccionadora experiencia.

17 Noviembre 2005
Hemos ingresado en la temporada lluviosa en Tucumán. El pronóstico augura varios días de tormentas y de viento, que posiblemente caractericen también a los meses por venir. Se trata, pues, de un tema de gran actualidad, y sabido es que afecta la vida cotidiana de la ciudad capital y de la provincia de un modo significativo.
Sobre los daños que puede suscitar una tormenta existe una aleccionadora experiencia. Hace pocos días, como informamos, un paraje próximo a la localidad de Garmendia fue arrasado por la combinación de agua, viento y granizo, y como resultante, más de 30 familias quedaron a la intemperie. No debe olvidarse, además, que la lluvia significa el crecimiento de los ríos, por lo que resulta vital verificar el estado de las defensas en diversos puntos del mapa provincial.
Con motivo del suceso de Garmendia, dedicamos una página a tratar varios aspectos derivados de las fuertes lluvias, con incidencia directa en nuestra ciudad capital. A ese propósito, nos referimos a problemas que exhiben una antigua y deplorable tradición de descuido.
En primer lugar, nuestra vetusta infraestructura de desagües pluviales: sólo un 15 % de la ciudad los tiene, y en su inmensa mayoría se hallan obstruidos con bolsas plásticas de basura. Por ello es que basta una precipitación de pequeña intensidad para producir el anegamiento de vastos sectores de San Miguel de Tucumán.
Coopera para esa realidad el avance de la edificación hacia el piedemonte, lo que impide que el suelo absorba los torrentes que bajan de la montaña. El requerimiento de ampliación de canales de desagüe y de construcción de uno nuevo exige una inversión del orden de los $ 70 millones. Nos parece que es un punto que debiera estudiarse y resolverse con la detención que merece, en lugar de continuar mirando al costado a su respecto.
Pareciera obvio decir que un centro urbano tan intensamente poblado como San Miguel de Tucumán no puede continuar sometido a las gravísimas complicaciones que le depara una temporada de lluvias fuertes. Sabemos que hay barrios enteros donde la sola amenaza de una precipitación despierta zozobra, ya que con frecuencia han sufrido inundaciones que les causaron muy considerables daños. Puesto que se habla de generar una "nueva ciudad", ponerla a salvo de las aguas tiene carácter de cuestión troncal, y acerca de ella -repetimos- corresponde adoptar esas decisiones políticas y presupuestarias que desde hace años vienen aconsejando los expertos.
Subrayamos también que las lluvias provocan una constante caída de árboles, con el riesgo para las personas y los bienes que tales acontecimientos representan, además de la frecuente destrucción del cableado eléctrico. Está allí pendiente, en última instancia, la cuestión integral del arbolado, que debiera encararse de una vez, para atender tanto el retiro de los ejemplares en situación precaria como el cuidado de los existentes y la replantación de los que caen en cada tormenta. En otro orden, suena curioso -y lo hemos hecho notar en varias ocasiones- que, a pesar de contar Tucumán con uno de los suelos más fértiles del país, sus árboles sean escasos -o de especies inadecuadas- en la vía pública y que, además, no se aumente su cantidad ni se los replante con la asiduidad necesaria.
En suma, la cuestión de las lluvias vuelve a poner sobre el tapete asignaturas pendientes que ya es hora de atender con la profundidad que corresponde. Es de esperar que las autoridades lo entiendan de esa manera, a fin de dejar atrás el cúmulo de inconvenientes y de problemas muy serios que se abaten sobre los habitantes de la provincia cada vez que se producen precipitaciones.

Tamaño texto
Comentarios