14 Noviembre 2005 Seguir en 
Buenos Aires.- La vuelta del Indio Solari a escena tras más de cuatro años de ausencia resultó una fiesta compartida por alrededor de 50.000 personas, que colmaron el Estadio Unico de la ciudad de La Plata. El recital volvió a instalar el rock como un hecho cultural de masas y, signado por la leyenda de Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, sirvió para mostrar en sociedad el debut solista del artista, con "El tesoro de los inocentes (bingo fuel)".El Indio, de 56 años, ratificó el sábado que es el heredero natural de la mitología ricotera y generó una vez más un espacio mágico, donde la energía fue un vehículo para la expresión, las emociones y el reencuentro."Me gusta practicar la fidelidad, y eso lo veo más como una perversión que como una virtud. Yo les agradezco esta noche el grado de perversión que han tenido conmigo", saludó Solari tras el empañado inicio del show, a las 21.22, debido a algunos problemas de sonido en "Nike es la cultura".
Al ironizar agudamente sobre el vínculo con los seguidores de Los Redondos, el poeta y compositor puso sobre el tapete de la bella noche platense que la relación entre el artista y el público en el universo del rock es un asunto más complejo y delicado que la pasión con visos futboleros, que un rabioso riff de guitarra o que una lírica ingeniosa.
Solari exhibió con solvencia que el enérgico magnetismo del rock es una cuestión manejada por el anfitrión. Y cumpliendo esa función, en la velada de el sábado les sirvió a sus invitados un menú riguroso e inquietante, en el que la comunión resultó fruto de una gama de recursos estéticos y no la motivación y el fin último de un recital.
Por eso, el Indio regaló varios clásicos de Los Redondos, pero también una docena de los flamantes temas que creó para su lanzamiento en solitario. Este nuevo repertorio esquiva la rima permanente y el estribillo repetitivo para empujar, en cambio, la generación de un discurso que encanta desde lo inspirado y lo riguroso.
Entregó "Amnesia", "Tomasito podés oírme? Tomasito podés verme?", "La piba del Blockbuster" (para el que se sumó la voz de Déborah Dixon y en donde también se padeció un cierto bache sonoro), "Mi caramelo machiato", "El tesoro de los inocentes", "Tsunami", "Ciudad Baigón", "To Beer Or Not To Beef!", "Pabellón séptimo (Relato de Horacio)" y "El Charro Chino".
En cada uno de esos temas, el vocalista (que usó tres camisas: una naranja, otra bordó y luego una azul) lució sus impecables dones interpretativos, capaces de desenvolverse en distintos planos, y, a pesar de que varias veces lamentó no estar bien de "la gola", con su desempeño dejó en ridículo a la "manada" de limitados imitadores que pululan por todas partes. En su show, que se repitió anoche, Solari estuvo bien secundado por Baltasar Comotto y Gaspar Benegas (guitarras); Marcelo Torres (bajo), Hernán Aramberri (batería) y Pablo Sbaraglia (teclados). (Télam)
Al ironizar agudamente sobre el vínculo con los seguidores de Los Redondos, el poeta y compositor puso sobre el tapete de la bella noche platense que la relación entre el artista y el público en el universo del rock es un asunto más complejo y delicado que la pasión con visos futboleros, que un rabioso riff de guitarra o que una lírica ingeniosa.
Solari exhibió con solvencia que el enérgico magnetismo del rock es una cuestión manejada por el anfitrión. Y cumpliendo esa función, en la velada de el sábado les sirvió a sus invitados un menú riguroso e inquietante, en el que la comunión resultó fruto de una gama de recursos estéticos y no la motivación y el fin último de un recital.
Por eso, el Indio regaló varios clásicos de Los Redondos, pero también una docena de los flamantes temas que creó para su lanzamiento en solitario. Este nuevo repertorio esquiva la rima permanente y el estribillo repetitivo para empujar, en cambio, la generación de un discurso que encanta desde lo inspirado y lo riguroso.
Entregó "Amnesia", "Tomasito podés oírme? Tomasito podés verme?", "La piba del Blockbuster" (para el que se sumó la voz de Déborah Dixon y en donde también se padeció un cierto bache sonoro), "Mi caramelo machiato", "El tesoro de los inocentes", "Tsunami", "Ciudad Baigón", "To Beer Or Not To Beef!", "Pabellón séptimo (Relato de Horacio)" y "El Charro Chino".
En cada uno de esos temas, el vocalista (que usó tres camisas: una naranja, otra bordó y luego una azul) lució sus impecables dones interpretativos, capaces de desenvolverse en distintos planos, y, a pesar de que varias veces lamentó no estar bien de "la gola", con su desempeño dejó en ridículo a la "manada" de limitados imitadores que pululan por todas partes. En su show, que se repitió anoche, Solari estuvo bien secundado por Baltasar Comotto y Gaspar Benegas (guitarras); Marcelo Torres (bajo), Hernán Aramberri (batería) y Pablo Sbaraglia (teclados). (Télam)
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