En las zonas rojas, los agentes son agredidos

Los policías, que deben acercarse a la comunidad, reciben insultos y son apedreados en algunos barrios. Una lucha constante.

PREVENCION. En el barrio Toledo, tres efectivos se incorporaron al paisaje diario de la zona.  LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
PREVENCION. En el barrio Toledo, tres efectivos se incorporaron al paisaje diario de la zona. LA GACETA / ENRIQUE GALINDEZ
17 Octubre 2005
Los chicos son los que más se resisten a la presencia de la Fuerza. Los vecinos están más tranquilos desde que los efectivos caminan por las calles. Robos a choferes.

Los agentes de la patrulla urbana son requeridos en el centro del barrio Toledo. Los vecinos quieren que controlen a un grupo de menores que se están drogando. A pocos metros de allí, en el barrio Bienestar, una mujer se desmayó y los efectivos corren para darle los primeros auxilios. Mientras tanto, un inconveniente en la cancha de fútbol de la zona desencadena una violenta pelea en la que deben intervenir los policías, que terminan agredidos con piedras.
Historias como estas se pueden contar todos los días. La acción de la Patrulla Urbana es muy difícil en barrios considerados zonas rojas, por el alto nivel de delincuencia y marginalidad que tienen. Los jóvenes agentes, que tienen la obligación de establecer contactos con la comunidad y prevenir, reciben como respuesta insultos y agresiones constantes.
Los policías Angel Acosta y Julio Dauria saben que corren serios riesgos a diario. Ellos forman parte del programa de integración policial hacia la comunidad que se instaló en la zona de San Cayetano y El Mercofrut.

Humillaciones
"El rechazo hacia la Policía es muy grande. El mayor problema son los menores, que están alcoholizados, drogados y armados", relata Acosta. Los chicos, desde los 12 años, ya se animan a desafiar y a humillar a la fuerza policial. "Rati de m..., haceme algo si podés", les gritan mientras inflan y desinflan bolsas de pegamento.
Los agentes no pueden hacer más que hablar con los padres de los chicos. "Pero ellos mismos los amparan", añade el efectivo.
Dauria recuerda que hace dos semanas protagonizaron una batalla campal al intervenir en un robo, ocurrido en la calle Ricardo Rojas 85. "Un grupo de vecinos comenzó a apedrearnos. Fue terrible. Logramos detener a un sospechoso, pero terminamos lesionados", cuenta.
En los barrios periféricos que rodean al Mercofrut, el mayor temor de algunos vecinos son los menores. Los delitos que más se reiteran son los asaltos a taxis, remises y colectivos.
En muchas esquinas, según relatan los agentes José González, Jorge García y Claudia Pavón, se reúnen jóvenes a ingerir bebidas. Esa es la antesala del delito. Los efectivos, que están armados, deben caminar por la zona y tratar de disgregar a los grupos, enfrentándose a las reacciones de la gente. "Es una lucha constante con los vecinos, que se niegan a colaborar con la Policía; creen que uno viene aquí a detenerlos. Al principio no me gustaba, pero es un verdadero desafío tratar de acercarse a ellos", dice González. Los resultados de ese trabajo están a la vista. Muchos vecinos se sienten más tranquilos desde que la Policía patrulla por las calles. "Ahora podemos hacer deportes en la plaza. Estamos un poco más seguros. Hay menos robos", cuenta Roxana López, del barrio Bienestar.
En el pasaje Díaz Vélez al 2.200, del barrio Toledo, los vecinos se sienten más protegidos durante el día. "Ya no hay tantos menores drogándose y disminuyeron los asaltos. Necesitamos más vigilancia de noche", sostiene Sairo Madrid.