Una muestra para que los chicos aprendan jugando

Estudiantes de Arqueologia les enseñan a los más pequeños mitos y leyendas de los pueblos indigenas de Argentina. Pintura.

PARA DIVERTIRSE.
PARA DIVERTIRSE.
Es una experiencia distinta para los más chicos. A pesar de de que las vacaciones terminan -dejando de lado los problemas que existen con las posibles huelgas en el área de la educación- los más pequeños tienen una gran oportunidad de aprender jugando. Estudiantes de Arqueología de la Universidad Nacional de Tucumán preparan, todos los miércoles y viernes, un espectáculo basado en una leyenda o un mito de Argentina, relacionado con las comunidades indígenas.
Las obras se realizan todos los miércoles y viernes, de 15 a 18, en el segundo piso del Centro Cultural Eugenio Flavio Virla. Los chicos sólo deben concurrir y prepararse para una actividad fantástica. "Queremos que los chicos conozcan lo que hacían nuestros antepasados, la forma en la que vivían, cómo se relacionaban. Es una forma de aprendan sin dejar de divertirse", explicaron Silvana Urquiza, Lorena Cohen y Agustina Haedo, las tres "profesoras" que llevan adelante esta experiencia organizada por su Facultad. Y por lo visto, además de estudiantes de Arqueología, tienen mucho de maestras jardineras. Lo primero que los chicos hacen es construir las máscaras que luego utilizarán durante la representación. Con papel maché, engrudo y témperas pasan la primera hora. Las chicas, además, se pintan la cara. Después arman rompecabezas, mientras las "maestras" les van contando la historia que deberán luego realizar frente a sus padres.
El miércoles les tocó repetir las vivencias de los onas -pueblo del sur de la Argentina-, quienes en un primer momento se regían por el matriarcado. Las mujeres se aprovechaban del miedo que les tenían los hombres, a quienes engañaban haciéndose pasar por brujas. Esto duró hasta que los hombres se dieron cuenta de lo que estaba pasando y así, tras castigar a las mujeres, tomaron el control del pueblo. Cuenta la leyenda que Sol, uno de los hombres, todavía persigue a Luna para castigarla, pero nunca la puede alcanzar, y así los dos giran y giran alrededor de la Tierra.

La banda de sonido
Los chicos ponen verdadero entusiasmo en su representación. Y hasta los más tímidos, como el pequeño Matías, que no quería participar en la obra, tuvo a su cargo la banda sonora, haciendo sonar cuanto bote tuviera cerca.
David y el resto de sus amigos representaron a los esforzados hombres de la tribu, que tenían que cuidar a los niños y darles de comer a las mujeres, asustados por sus poderes. Y las nenas se rieron de ellos durante gran parte de la obra, hasta que fueron descubiertas en el engaño. "Se divierten mucho. La verdad es que no sabía que se podía hacer esto, hasta que me contaron y lo traje a Juan", relató Mercedes Carmona. "Invitamos a todos los chicos que quieran venir. Estamos seguros de que la van a pasar bien", afirmaron las "maestras", mientras ayudaban a despintarse a los pequeños indios.

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