A la inveterada inseguridad vial, ahora se suma el deterioro atroz de la infraestructura y novedades vinculadas con la administración de los caminos argentinos. En medio de esta ensalada de problemas de gran magnitud también se ha degradado notablemente la educación y el respeto por las normas de circulación.
El uso de las luces es una expresión tangible de lo que señalamos arriba. Cruzarse con vehículos que circulan únicamente con la luz de posición o directamente sin luces es habitual en los caminos del norte. Obviamente, de noche esto se vuelve una cuestión de gravedad mayúscula. Sin embargo, de día también representa riesgos. Cuando uno va a hacer un sobrepaso, la posibilidad de advertir la luz del vehículo que viene de frente ayuda a tomar la decisión de acelerar o esperar.
En esta mala costumbre de circular sin luces es posible que incida la presión urbana que existe sobre muchos caminos. El crecimiento de las ciudades y la urbanización de sectores que hasta hace no mucho eran espacios rurales hace que algunos conductores usen las rutas como si fueran calles: circulan de un lado a otro a velocidades notablemente inferiores a las estipuladas para una vía con esas características, no prenden las luces y muchas veces lo hacen en vehículos que se encuentran en pésimo estado.
Este problema se agrava por la noche. En zonas periurbanas de Gran Tucumán, la presencia de motos sin luces es habitual. A la irresponsabilidad de muchos motociclistas también se suma un drama: algunos prefieren ir sin luces para evitar ser emboscados por los ladrones que intentan robarles sus vehículos.
Hay otros usos incorrectos que causan problemas. Por ejemplo, encender los faros antiniebla cuando no hay niebla. Eso constituye casi una agresión al conductor que viene de frente. Es como si uno circulara con la luz alta todo el tiempo. Esto se vuelve especialmente molesto al atardecer, cuando la luminosidad del día se está yendo, pero aún no está del todo oscuro. En esa semi penumbra, las luces de los vehículos, si no están bien administradas, pueden generar más incomodidad que durante la noche cerrada.
Otra cuestión a tener en cuenta es el empleo equivocado de la baliza. Muchos la encienden cuando llueve fuerte o cuando hay niebla. Pero es un error que puede generar accidentes graves. Hay que recurrir a la baliza únicamente cuando el vehículo está detenido. El problema es que a veces actuamos por imitación: el de adelante prende la baliza y los que vienen por atrás hacen lo mismo. Aunque ninguno haya detenido la marcha. En las rutas tucumanas no es raro cruzarse con vehículos que no tienen luces traseras (aunque sí cuenten con las delanteras). De noche, puede ser una trampa mortal para quien se topa con ellos desde atrás. También están los que en sus vehículos reemplazan los faros que vienen de fábrica (y que están homologados) por otros que suelen ser de colores y que no alumbran prácticamente nada, porque su finalidad es únicamente estética.
Al toparse con situaciones como las que describimos más arriba cuesta no preguntarse: ¿por qué un auto o una moto que no cumplen con los requisitos básicos para circular lo hace sin problemas? ¿En qué piensa quien transita en estas condiciones? ¿No advierte que es una amenaza para la integridad propia y para la de terceros? Creemos que aquí subyace una falencia educativa muy grande que debería ser abordada con mucha seriedad desde los niveles más bajos del sistema educativo. Pero también compete a las autoridades de Seguridad velar para que las normas se cumplan en todos los caminos.







