Ni inflación ni inseguridad ni corrupción: ingresos y empleo son las principales preocupaciones ciudadanas

Distintas consultoras confirman una tendencia que se viene consolidando durante los últimos meses y que, estiman, tendrá impacto electoral.

DEUDORES. El fácil acceso al crédito y la falta de educación financiera llevan a los jóvenes tucumanos a una espiral de endeudamiento.
DEUDORES. El fácil acceso al crédito y la falta de educación financiera llevan a los jóvenes tucumanos a una espiral de endeudamiento.

Resumen para apurados

  • Informes de consultoras revelan que el empleo y los ingresos superaron a la inflación y la inseguridad como las principales preocupaciones de los argentinos ante la crisis.
  • Esta tendencia se consolidó en los últimos meses debido al deterioro de los salarios reales y al creciente nivel de endeudamiento que afecta a los sectores más jóvenes.
  • Los analistas estiman que este cambio de prioridades ciudadanas redefinirá las demandas sociales y tendrá un fuerte impacto en los próximos comicios electorales.
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El mapa de las inquietudes ciudadanas en la Argentina acaba de experimentar un viraje sustancial. Durante años, la tasa de inflación mensual operó como el ordenador de las angustias cotidianas, pero ahora los relevamientos de opinión pública describen una mutación en las demandas sociales: la desaceleración del índice de precios ya no se traduce en tranquilidad económica y el foco de la tensión colectiva se trasladó a la caída del poder adquisitivo, la asfixia salarial, el desempleo y el endeudamiento de los hogares.

Los datos que arroja la última medición del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora (relevado a nivel nacional entre el 22 y el 30 de septiembre sobre 1.438 casos válidos)  ilustran este cambio. En su desglose de prioridades, los ingresos y salarios se ubican al tope con el 50,1% de las menciones, seguidos de cerca por la incertidumbre económica general con el 49,8%, el desempleo con el 40,9% y el costo de las tarifas de servicios públicos con el 35,2%. En marcado contraste, la inflación quedó relegada al último escalón entre 10 problemáticas testeadas, cosechando apenas un 12,7%.

Realidades diferentes

La explicación que aporta el informe reside en la brecha entre el indicador estadístico y día a día de las familias: el 67,1% de los consultados manifiesta que las cifras oficiales de inflación no coinciden con lo que experimenta en su cotidianeidad, y un 81,8% asegura que sus ingresos no le ganan a la evolución de los precios. El calendario de supervivencia corrobora esa brecha: al 59,6% de los sectores de menores recursos los ingresos no le alcanzan más allá del día 15 del mes, y al 83,3% se le agotan antes del día 20.

Este diagnóstico no constituye un hecho aislado ni circunscripto a una sola encuestadora, sino que responde a una tendencia convergente documentada por diversos centros de investigación del país. Los estudios periódicos de consultoras como Opinaia, Zuban Córdoba & Asociados y D’Alessio IROL/Berensztein vienen reflejando desde hace meses una curva similar en la jerarquía de las demandas.

Mientras que a fines de 2023 y principios de 2024 la inflación monopolizaba más del 60% o 70% de las respuestas espontáneas, los informes de Opinaia señalan que el desempleo y la pobreza pasaron a encabezar la tabla de alarmas sociales, superando con holgura a la suba mensual de precios. En sintonía, los monitoreos de Zuban Córdoba reflejan que la imposibilidad de llegar a fin de mes, la pérdida del poder adquisitivo real y el temor a la pérdida del puesto laboral concentran el núcleo duro del malestar económico.

En un plano secundario pero ineludible, esta reconfiguración de las preocupaciones ciudadanas proyecta interrogantes sobre el tablero político de cara a las elecciones presidenciales de 2027.

Como sugiere el propio informe de Zentrix al evaluar la intención de voto, los pisos electorales de las principales fuerzas se muestran relativamente parejos, con Javier Milei en un 28,3% de voto seguro y Axel Kicillof en un 27,1%, pero con techos de rechazo que superan el 50% en prácticamente toda la dirigencia tradicional.

En ese contexto, la contienda electoral no se dirimirá en la fidelidad de los núcleos duros ideológicos, sino en el comportamiento del denominado "voto blando" o indeciso. Si en una primera etapa la promesa de estabilizar las variables macroeconómicas sirvió como aglutinador político, el nuevo escenario sugiere que la tolerancia social hacia 2027 dependerá de variables más tangibles: la recuperación de los ingresos reales, la sostenibilidad del empleo formal y la capacidad de los hogares para transitar el mes sin caer en el endeudamiento corrientes.

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