Como muchos saben, OnlyFans es una plataforma virtual de origen británico, donde creadores de contenido pueden ganar dinero cobrando a sus seguidores una suscripción mensual o pagos por material exclusivo (fotos, videos y transmisiones en vivo). Si bien fue pensada para albergar los más diversos rubros, es popularmente conocida por su contenido para adultos.
Al respecto, en los medios de comunicación y las redes sociales con frecuencia aparecen personas que presentan éste y varios sitios del estilo, como una vía fácil y rápida para lograr independencia económica. Aunque también, como contrapartida, otros testimonios desromantizan la fantasía de “ser tu propia jefa” y buscan advertir a las ingenuas: esta forma de ganarse la vida tiene su lado oscuro, a veces muy oscuro, del que pocas pueden zafar.
Así lo demuestra un documento publicado este año acerca del trabajo sexual virtual en nuestro país (uno de los relevamientos más exhaustivos que se han realizado).
Titulado “Trabajo Sexual y Plataformas Digitales. Informe Exploratorio”, el estudio fue impulsado por la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (Ammar) y elaborado por las investigadoras del CONICET Déborah Daich y Estefanía Martynowskyj. Estuvo basado en 10 entrevistas en profundidad y una encuesta online respondida por 252 personas de distintas regiones argentinas.
Pero ojo, no se trata solo de OnlyFans: identificaron más de 60 plataformas, aplicaciones y espacios digitales para comercializar contenidos o servicios sexuales. Veamos algunos resultados:
- La mayoría de las personas comenzaron este “emprendimiento” durante o después de la pandemia de Covid-19. El 72,4% ingresó al trabajo sexual virtual motivadas por una necesidad económica urgente o por la falta de empleo registrado. También se presentaron como relevantes en la elección su accesibilidad y el hecho de ser compatible con estudios, otros empleos o tareas de cuidado.
- El 82,9% de estas creadoras de contenido son mujeres; seguidas de personas no binarias, varones trans, mujeres trans, travestis y varones. ¿Edad promedio? 31 años.
- Un porcentaje significativo cuenta con estudios universitarios o terciarios y más de la mitad combinan ésta con otras actividades para poder subsistir.
- Desmintiendo la fama de “negocio fácil”, el 20,6% gana alrededor de U$S 500 al mes, cerca de un 18% llegan a los U$S 1.000 y la gran mayoría, cifras menores que no llegan a cubrir la canasta básica si se toman en cuenta comisiones y gastos. Los ingresos superiores a los U$S 3.000 mensuales se observan sólo en una minoría muy reducida. Por otra parte, estos montos son fluctuantes y difíciles de prever.
- El 61% manifestó sufrir cuadros de burnout o agotamiento extremo (deben dedicarle mucho más tiempo del que se piensa); el 56% padecían ansiedad a causa de la hiperconectividad y la presión de los algoritmos; y un 29% reportó síntomas de depresión derivados del estigma social y de la exigencia de disponibilidad.
- La problemática más recurrente identificada por el estudio es la violencia digital: las trabajadoras están expuestas al envío de imágenes sexuales no solicitadas, a insultos, acoso, amenazas, chantajes, estafas, robo de contenido y filtraciones de material íntimo.
- Un peligro que las acecha es el de los intermediarios: es el caso, por ejemplo, de los “representantes” o “agencias” que, muchas veces, operan como los proxenetas, quedándose con altos porcentajes sus ingresos. De hecho, en nuestro país logró desarticularse una red de trata que operaba bajo una de estas fachadas.












