Recuerdos fotográficos: 2003. Sabato y Estrella, en una caravana cultural en Vinará
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
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“Esta caravana itinerante cultural me permite, desde esta tierra de ensueño, arrimarme a otro sueño de oro, que es el de la infancia; al mundo de los afectos, donde los resabios de la cultura y del amor aún se mantienen vivos”. Ernesto Sabato tenía 92 años en octubre de 2003 y estuvo en Vinará, a 15 km de Termas de Río Hondo, la tierra de su amigo, el pianista Miguel Ángel Estrella. Allí iniciaron una caravana cultural nutrida por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Música Esperanza y la Fundación Sabato para llevar obras de teatro, títeres, música y talleres a pobladores de Los Altos y Londres (Catamarca) y Amaicha del Valle y Blanca Pozo (Tucumán).
Un remolino de estudiantes de escuelas de la zona fue a saludar al maestro, contó en su crónica del 12/10/2003 el periodista Roberto Espinosa. “Les pido que cuiden celosamente los dones que melancólicamente admiro en ustedes. Uno de ellos es el tiempo sereno en que transcurre la vida. Me recuerda mi infancia... Porque entonces el tiempo era para los hombres, se lo gustaba despaciosamente, como los mates que uno a uno se pasaban... Pero luego vino aquello de que ‘el tiempo es oro’ y los hombres se largaron al vértigo. En el vértigo no se dan frutos ni se florece. Lo propio del vértigo es el miedo. El hombre adquiere un comportamiento de autómata, ya no es responsable, ya no es libre ni reconoce a los demás”.
Al llegar ese día a Vinará Sabato bailó una zamba, tomó mate y comió rosquetes. Después el autor de “El túnel”, “Sobre héroes y tumbas” y “Abaddón el exterminador” rindió homenaje a Estrella y Música Esperanza. “Creo que en vos se manifiesta unida la excelencia en el arte y en el amor. ¡Cuántas veces he quedado en nuestra larga amistad escuchando en éxtasis tu piano! Siendo testigo de tu entrega a los demás, a los más pobres, a los que nada poseen más que el resplandor sagrado de sus existencias agobiadas”.
Esa tarde del martes 7 de octubre las manos de Estrella deslizaron el vals “Desde el alma” en el piano y Elvira González Fraga, secretaria de Sabato, llevó al veterano escritor a bailar. Luego él danzó con cuanta dama se le acercó.









