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Mes de la educación
Septiembre en Argentina debería ser llamado el “Mes de la Educación”. Con diferencia de días, evocamos el Día del Maestro, el Día del Profesor y el Día del Estudiante (fecha que, contrariamente a la creencia popular, se estableció por la repatriación de los restos mortales de Sarmiento). Sin embargo, entre el Día del Maestro y el del Profesor, debemos hacer notar la injusticia histórica y práctica existente, mientras el primero es celebrado con fiestas y reconocimientos en todas las escuelas; el segundo pasa casi inadvertido en la mayoría de las instituciones educativas. Mientras el legado de Domingo Faustino Sarmiento y la escolaridad primaria, pública, obligatoria y gratuita es recordada y celebrada con actos especiales a lo largo y ancho de todo el país; la figura de José Manuel Estrada y la formación ciudadana crítica para adolescentes y jóvenes quedan eclipsadas por la escasa mención que se hace en las instituciones. Creo que ha llegado el momento en que los argentinos reconozcamos por igual a estos dos grandes artífices de la educación nacional, y tratemos de destacar ambas labores al ser complementarias, ponderando así nuestra identidad nacional. Ya que, si bien fue el pensamiento sarmientino el que nos enseñó las primeras letras, fue Estrada quien nos dio las herramientas para ser autores críticos, libre pensadores de nuestro futuro.
Marcelo Daniel Castagno
marcelocastagno@yahoo.com.ar
Bullrich
Patricia Bullrich dice que la ignoraron en las modificaciones del proyecto de discapacidad. Pero hay algo que debería explicar: ¿cómo puede una jefa de bloque en el Congreso desconocer lo que se está discutiendo y votando? No alcanza con decir “no me informaron”. Un legislador tiene que estudiar los proyectos, conocer sus cambios y fijar una posición antes de levantar la mano. Lo preocupante es que esto vuelve a mostrar una política donde algunos parecen limitarse a seguir órdenes. No hay debate, no hay argumentos propios, no hay una verdadera discusión sobre lo que afecta a la gente. Y estamos hablando de discapacidad. De personas y familias que necesitan respuestas, no legisladores que después de votar dicen que no sabían. Si no los informan, reclamen. Si no están de acuerdo, voten en contra. Pero levantar la mano y después decir “me ignoraron” no es representar a nadie.
Williams Fanlo
willyucr@gmail.com
Jubilados
La crítica situación por la que transitamos los jubilados requiere un urgente y profundo análisis, porque la fórmula vigente, desde 2018 a 2024 nos estaba causando una pérdida del 50%, de nuestros ingresos, al estar basada en la caída de la recaudación tributaria, y en el efecto rezago de los salarios por debajo de la inflación. El retraso que el presidente procuró erróneamente corregir mediante el decreto N° 274/24, instaló un sistema de actualización mensual basado en un IPC defectuoso que resultó peor que el anterior, ya que profundizó más la caída del poder adquisitivo del haber jubilatorio. No obstante, lo establecido por la Constitución Nacional sobre la movilidad jubilatoria del sector, los jubilados necesitamos un sistema de actualización capaz de adaptarse a las fluctuaciones de un proceso económico influenciado por continuos saltos y retrocesos que profundizan la crisis en la tercera edad. La oportunidad perdida para corregir el desfasaje del haber jubilatorio fue la reforma previsional que el Gobierno vetó, con el apoyo de diputados dialoguistas y traidores el 11 de setiembre de 2024. De no haber sido rechazada por el gobierno, la misma podría habernos recompuesto los ingresos reales, devolviéndole al haber jubilatorio la capacidad de compra perdida por la devaluación del 20,6% en enero de 2024; la misma también contemplaba un adicional entre el 7,2% y el 8,2%, para compensar el daño del pico inflacionario cumpliendo lo establecido en la Constitución de la Nación. La emergencia económica actual hace necesario la implementación de una fórmula que nos garantice la actualización mensual de nuestros haberes frente a la inflación, nos asegure un nivel de vida digno y mantenga una proporcionalidad justa y razonable con los ingresos obtenidos durante nuestra vida laboral.
José Emilio Gómez
joseemiliogomez08@gmail.com
Jubilados transferidos
Hasta el presente mes los jubilados transferidos con juicio ganados y sentencia en firme no pudimos cobrar las actualizaciones de sueldo desde el mes de enero pasado ya que la Caja Popular no envió al ejecutivo las planillas con los aumentos correspondientes, mientras los empleados de esa institución cobran al día sus haberes con los aumentos decretados y autorizados por el Ejecutivo Nacional y eso da lugar a que tengamos que andar por esa institución en forma seguida solicitando lo que nos corresponde. Para evitar estas demoras se debería disponer que una vez firmado el decreto por el Gobernador y el Ministro de Economía se lo curse a la unidad previsional que creemos es la que más conoce estos temas para la liquidación correspondiente y directamente se de intervención al Anses para su liquidación. Cabe aclarar que luego de aprobada y liquidado los haberes corresponde pedir el pago de la liquidación del retroactivo que corresponde y esto seguro dura un mes y medio más para poder cobrar todo lo adeudado. SE aclara que esto sería hasta el mes de julio o agosto y después volver a esperar hasta los meses que siguen impago. Es por esto que nos dirigimos al señor Gobernador para solicitarle ordene agilizar estos trámites para no vernos con tanta demora en nuestros pagos, y tendremos después otros inconvenientes cuando nos lleguen los impuestos provinciales. Por lo expuesto no se olvide de los jubilados y trate por lo menos de darnos una noticia alentadora ya que las que tenemos por ahora son todas pálidas.
Mario Oscar Rivet Vozza
mrivetvozza@hotmail.com
Cicerón: la República, la ley y las palabras
Hace más de 2.000 años, en una Roma convulsionada por las luchas políticas, vivió un hombre que hizo de la palabra un arma, de la ley una defensa y de la República una causa. Se llamaba Marco Tulio Cicerón. Nació en Arpino, en el año 106 antes de Cristo, en una familia acomodada que no pertenecía a la antigua aristocracia romana. Gracias a su talento, su formación y, sobre todo, a su extraordinaria capacidad para hablar, llegó a ocupar las más altas magistraturas de Roma. Fue abogado, político, filósofo, escritor y uno de los grandes oradores de la Antigüedad. Su preocupación fundamental fue la República, que para él debía sostenerse sobre las leyes, las instituciones y la virtud de los ciudadanos. Escribió sobre política, filosofía, moral, retórica y derecho. Entre sus obras más conocidas están “De re publica” (Sobre la República), “De legibus” (Sobre las leyes) y “De officiis” (Sobre los deberes), además de sus numerosos discursos y cartas. En “De re publica” reflexionó sobre la mejor forma de gobierno y la responsabilidad de quienes ejercen el poder. En “De legibus” defendió la idea de que las leyes debían estar por encima de los hombres y tener su fundamento en la razón y en la naturaleza. Pero quizás su nombre quedó unido para siempre a las Catilinarias, los discursos pronunciados en el año 63 antes de Cristo contra Lucio Sergio Catilina, a quien acusó de conspirar contra la República. “Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra?”, preguntó ante el Senado. “¿Hasta cuándo, Catilina, abusarás de nuestra paciencia?”. Aquella frase, pronunciada hace más de dos mil años, todavía se utiliza cuando alguien quiere denunciar un abuso llevado demasiado lejos. Y hay algo casi milagroso en la permanencia de su obra. Cicerón escribió cuando no existían la imprenta ni el papel: sus palabras fueron fijadas en papiro y pergamino y luego copiadas, generación tras generación. Muchos textos se perdieron, pero otros fueron conservados durante siglos en bibliotecas y monasterios y recuperados por los humanistas del Renacimiento. Finalmente, la imprenta permitió multiplicarlos y llevarlos mucho más lejos. Así, las palabras de un hombre muerto en el año 43 antes de Cristo atravesaron 2.000 años de historia y llegaron hasta nosotros. Su vida terminó de manera violenta. Después del asesinato de Julio César, Cicerón se enfrentó políticamente con Marco Antonio, a quien consideraba una amenaza para la República. Pronunció contra él sus famosas “Filípicas”, retomando el nombre de los discursos que Demóstenes había pronunciado siglos antes contra Filipo de Macedonia. Cuando Marco Antonio llegó al poder junto con Octavio y Lépido, Cicerón fue incluido en las listas de proscripción. Intentó escapar, pero fue alcanzado el 7 de diciembre del año 43 antes de Cristo. Tenía 63 años. Fue asesinado y decapitado. Según la tradición, su cabeza y sus manos fueron expuestas en la tribuna de los oradores del Foro romano, precisamente en el lugar desde donde tantas veces había pronunciado sus discursos. Parece una paradoja: quisieron silenciarlo para siempre y, sin embargo, fue su palabra la que sobrevivió. Roma desapareció, cambiaron los imperios, las fronteras y las formas de gobierno. Pasaron las guerras, la Edad Media, el Renacimiento y nació la imprenta. Pero sus ideas continuaron viajando de manuscrito en manuscrito hasta convertirse en libros que todavía podemos leer. Quizás allí esté la verdadera grandeza de un escritor: no en evitar la muerte, algo imposible, sino en conseguir que sus palabras sobrevivan al hombre que las pronunció. En 1927 un gran escritor llamado Stefan Zweig escribió el magnífico libro Momentos estelares de la humanidad. El primer capítulo fue Cicerón.
Juan L. Marcotullio
Marcotulliojuan@gmail.com
La paradoja de los Prometeos
“Si no puedo inspirar amor, desencadenaré el miedo”. La sentencia pronunciada por la criatura ideada por Mary Shelley, en su libro “Frankenstein”, podría ser el título perfecto para una crónica contemporánea sobre la Inteligencia Artificial. Estos Prometeos del siglo XXI han comenzado a formular en público sus advertencias más sombrías: aquellas que prevén la pérdida del control humano sobre su propia obra. Sam Altman, de OpenAI, ha llegado a admitir que “el mundo hace bien en tener miedo”, mientras Dario Amodei, de Anthropic, aboga tardíamente por desacelerar el avance de los modelos de frontera ante el riesgo de una automejora recursiva descontrolada. Elon Musk suele advertir que la IA tiene el potencial de actuar como un “dictador inmortal” o provocar un escenario de superinteligencia incontrolable. La paradoja es tremenda: ¿quién se atreverá a frenar primero el frenesí competitivo entre artífices corporativos occidentales y orientales? Mientras el mercado y, por qué no, la geopolítica empuja hacia adelante, la criatura cobra una autonomía imprevista. Frente a la envergadura de esta nueva especie, fascinante y aterradora a la vez, el viejo monstruo de Frankenstein nos parece hoy una criatura entrañable, casi ingenua.
Humberto Solá Cánepa
hsola2@hotmail.com







